Una Ciudad Con Dos Mundos: Cartagena, Colombia

Según el Ministerio de Comercio de Colombia, 6.5 millones de turistas llegaron al país en 2017, un 150% más que en 2010.

PALABRAS Por Ronald Mangravite
abril 2018
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Fotos Gary James

Una gran parte de esos visitantes, que arriban desde los cinco continentes, tiene como destino a Cartagena de Indias, fundada por el navegante español Pedro de Heredia en 1533.

Son días calurosos en este histórico rincón a orillas del mar Caribe, donde el progreso avanza más rápido que las olas. Hacia el sur, a lo largo de la playa bordeada de palmeras de Bocagrande, las torres de condominios de lujo se disparan como cohetes. Hacia el norte, las modernas casas de vacaciones tienen una preventa vertiginosa. Incluso hay planes para transformar en gigantesca atracción turística al Mercado de Bazurto, el enorme mercado popular de Cartagena que pocos turistas se atreven a visitar. 

Dentro del Centro Histórico, el antiguo corazón amurallado de Cartagena, el ritmo de desarrollo es más moderado. En la Plaza Bolívar, el Palacio de la Proclamación está en proceso de renovación de 6.000 metros cuadrados, incluyendo salas de arte, auditorios y un museo dedicado a una leyenda literaria: Gabriel García Márquez. La apertura oficial está programada para este 15 de junio.

Proyectos más pequeños —desde hoteles a restaurantes— están presentes en cualquier esquina mientras Cartagena se esfuerza por encontrar un equilibrio entre su patrimonio cultural y su brillante futuro.

Roy Fernández enfrenta este acto de equilibrio todos los días. Como supervisor de La Serrezuela, un centro comercial y cultural actualmente en construcción en el barrio de San Diego, Fernández preside un proyecto de 22.000 metros cuadrados, con boutiques internacionales, tiendas artesanales, un cine, galerías de arte y un "Centro Gourmet Gastronómico". 

Su gran estrella es La Serrezuela, una plaza de toros en ruinas, ahora reimaginada como un circo teatro de 1.800 plazas, un espacio público para eventos y conciertos. Las gradas traen a la memoria la antigua plaza de toros —donde grandes toreros españoles tuvieron sus tardes de gloria, como Luis Dominguín y Palomo Linares— y por encima, el techo retráctil puede adaptarse a las condiciones meteorológicas.

La Serrezuela toma los elementos de diseño originales y los reinventa en un contexto del siglo XXI. “Esto no es fácil de lograr, pero es un desafío fantástico”, dice Fernández, emocionado con el proyecto. Está previsto que el centro abra sus puertas a finales de octubre o principios de noviembre.

LO QUE POCOS VEN

¿Qué piensan los lugareños de los cambios a su alrededor? Álvaro Blanco estudia la escena turística bañada por el sol desde el volante de su taxi. Aficionado a la salsa, Blanco instaló en su auto un sistema de sonido de alta tecnología con una impresionante colección de música en caso de que sus pasajeros resulten ser salseros. “Tenemos dos ciudades aquí, verás”, dice Blanco, un filósofo nato.  “Tenemos a los turistas que se apresuran a recorrer la Cartagena de la historia, las playas y la vida nocturna. La otra Cartagena es nuestra ciudad, la ciudad de los cartageneros”. Mientras Blanco habla, los transeúntes le saludan cordialmente. “Mira, estos son mis vecinos, mis amigos.  Nacimos aquí. Vivo en la misma casa donde crecí. Mi escuela secundaria está al final de la calle. Los turistas no ven estas cosas, pero nosotros estamos aquí”.

Como prueba de ello, Blanco se dirige hacia La Barbería Ralf. Fundada en la década de 1940, el lugar es un minimuseo, la última peluquería del Centro Histórico. Manuel Cordero Ortega, el propietario, tiene más de 80 años. Sus dos barberos asistentes tienen 70 años. Sentarse en una de sus sillas, importadas de EE.UU. hace más de 100 años, es como un viaje en el tiempo y demuestra el punto de vista de Blanco. En su interior, la barbería está firmemente arraigada en la cultura local. Afuera, el desfile turístico es permanente… pero, sin ver. Ni una sola cabeza gira para notar la barbería. Dos mundos, uno escondido a plena vista.

Muchos lugareños están felices con el auge de Cartagena, entre ellos Bonifacio Ávila Berrio, excampeón de boxeo que mantiene el físico de boxeador. Después de representar a Colombia en las Olimpiadas de 1972 en Alemania, “El Bony” se hizo profesional y recorrió el mundo antes de retirarse en 1979 para abrir su restaurante de mariscos en la playa, Kiosko El Bony, frente al clásico Hotel Caribe en Bocagrande. El lugar está lleno de gente local y turistas, y los camareros hacen malabarismos con las bandejas de comida. “Nos preocupa dónde sentarlos a todos, ¡es un buen problema!”, dice “El Bony”.

De vuelta en el Centro Histórico, el bar de salsa Donde Fidel, cerca del Portal de Los Dulces, es otro lugar de reunión: ríos de cerveza, nada de comida y música fuerte. “Este bar es para los locales”, dice Fidel Leouttau. “Todo el mundo viene tarde o temprano”. Los fines de semana, Donde Fidel tiene más gente que un Metro de Tokio en la hora pico. ¿Está contento con el aumento del turismo? “¡Claro! Si los visitantes quieren venir, son bienvenidos. Pero seguimos como siempre lo hemos hecho”, comenta Leouttau.

JARDÍN DE CAMINOS… 

El sol de la tarde comienza su viaje hacia el mar, dibujando sombras a través de las estrechas calles. El premiado Trattoria Donde Wippy, un restaurante-cevichería, está completamente reservado. “La Wippy”, que se niega a usar su nombre formal, es una celebridad local con una historia interesante. Una reina de la belleza en su juventud, se convirtió en campeona de esquí acuático, luego dirigió un restaurante en las cercanas Islas del Rosario y en 2002 regresó a Cartagena. Degustando un plato de su famoso ceviche, “La Wippy” opina: “Hace 15 años, todos los negocios en esta calle eran propiedad de la gente local, todos conocían a todos. Ahora sólo quedan tres, incluyéndome. Los nuevos empresarios son buena gente, pero no tienen memoria de este lugar. Estamos perdiendo nuestra comunidad”.

Dondequiera que vaya, Cartagena sigue siendo una pregunta abierta. El futuro parece menos una progresión lineal que un vasto abanico de resultados posibles, un "jardín de senderos que se bifurcan" como escribió Jorge Luis Borges, donde todas las posibilidades están presentes a la vez.

Al atardecer, Álvaro Blanco espera en su taxi junto al inmenso muro del mar mientras los bares y bistros comienzan a llenarse. La noche sin luna se asienta sobre la ciudad, una vasta mantilla de añil. Blanco es pensativo. “Sí, tenemos desafíos. Pero somos resistentes. Los visitantes vienen por nuestra historia, ¿no? Se trata de los trastornos que surgen y luego se desvanecen. Los españoles vinieron por el oro, los piratas vinieron a robarlo. Luego vino la independencia. Luego las guerras políticas, las guerras de drogas. Sobrevivimos a todo eso. ¡Sobreviviremos a esto!”.

Detrás suyo, las enormes almenas parecen inclinarse hacia delante como si estuvieran a punto de decir algo, pero suena el móvil de Blanco. Un pasajero necesita un taxi. Blanco levanta el volumen del sonido de la salsa y se desplaza hacia el torbellino del tráfico. Y grita sobre la música: “Así que, realmente, ¿por qué preocuparse? Los cartageneros bailan a través de todo, ¡encontraremos el camino!”.

Grandeza Local 

La historia de Cartagena estuvo casi perdida en los años 70 cuando funcionarios equivocados planearon modernizar la ciudad vieja. Parte de la muralla exterior fue destruida, pero el empresario bogotano Richard Kirby detuvo un proyecto de 30 pisos cuando compró la obra, una mansión en ruinas, que fue la casa del patriota José Fernández de Madrid.

Kirby la restauró a su gloria colonial y convenció a sus amigos de comprar casas contiguas. Esto desencadenó el renacimiento histórico de Cartagena, ahora protegido por regulaciones. Disponible para fiestas de 18-22 invitados, Casa Fernández de Madrid ha acogido desde Julio Iglesias y Jacques Cousteau hasta Fernando Botero, que ha pintado un cupido sobre la bañera de su suite tras una romántica estancia.

Email: juriimm@gmail.com

Instagram: casafernandezdemadrid
 

Color Local

La Barbería Ralf
Se convierte en un centro comunitario al aire libre durante las tardes de la semana. Los lugareños traen sus propias sillas para sentarse en la calle y chismear.
Calle de Arzobispado 5, #34-8 a 34-102

Un club de ajedrez
Informal se reúne en la Plaza Bolívar. Los aficionados al ajedrez, jóvenes y viejos, se reúnen diariamente. Los visitantes son bienvenidos, pero estén alerta: ¡los locales juegan para ganar!

Álvaro Blanco
Conduce tours nocturnos de salsa a bares y discotecas por toda Cartagena, desde favoritos locales hasta los últimos lugares de moda.
304-368-5789

Alquiler de bicicletas
Una familia de siete personas alquila bicicletas todo el día y permanece abierta hasta tarde.
Ciclosport 512, Calle del Cuartel, 312-769-1424

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