Rompiendo Paradigmas

En el mundo del mezcal, las mujeres toman la delantera.

PALABRAS Odette Herrera
junio 2018
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Fotos: Rodrigo González Olivares

En las regiones de la Sierra de Oaxaca se consume mezcal desde hace cientos de años, cuando era una bebida de pueblo, de campesinos. Sin embargo, desde hace unos 15 o 20 años, empezó a popularizarse en zonas más urbanizadas hasta llegar a las grandes ciudades de México, y ahora, a las del mundo. Cada vez más personas han descubierto una bebida que, a diferencia del tequila, es como una artesanía líquida que debe beberse a besos, no a sorbos.

“La industria del mezcal crece a pasos agigantados en un 20 por ciento anualmente”, decía en noviembre Hipocrates Nolasco Cansino, presidente nacional del Consejo Regulador del Mezcal, destacando que mil empresas y 600 marcas conforman esta industria. Y cada vez más, las mujeres son parte de esta tradición. 

Aunque siempre han estado presentes en el trabajo de los palenques— el sitio donde se lleva a cabo el proceso de producción del mezcal —ahora ellas llevan la batuta también en la producción, distribución y manejo de marcas de mezcal que se comercializan alrededor del mundo. Para descubrir qué tanto, fuimos a Oaxaca, la cuna del mezcal y donde se concentra el 80% de su producción. Ahí también se celebra la Feria Internacional del Mezcal 2018, a mediados de julio. 

Aquí cinco mujeres que mandan en torno al mezcal.

Sósima Olivera
Tres Colibrí

Originaria de la sierra Chontal, Olivera trabaja el mezcal desde los siete años, pues es una tradición familiar. “Yo viví (de niña) la parte del mezcal como un sueño fantástico”, nos cuenta. “Mi papá producía el mezcal a la orilla del río, al lado de árboles de guayaba, plátano, y nosotros nos metíamos al río y salíamos, la verdad era como un paraíso. Andábamos desnudos corriendo en la arena, acarreábamos la leña, y luego nos metían a dormir en las tinas de fermentación para que no nos picaran los zancudos, y todo ese conjunto fue un sueño en realidad maravilloso de mi parte como experiencia mezcalera, digamos. Entonces siempre me quedó la idea de repetir ese sueño”. 

Lo repitió con Tres Colibrí, una cooperativa que inició en 2012 con su familia, y a la que ahora se han unido otras siete familias. A pesar de que había visto a su padre negociar con el mezcal cuando era niña, entró al negocio “sin conocer nada de mercadotecnia ni nada de eso”. Pero en ese momento, empezaba a crecer el interés por la bebida, especialmente entre los jóvenes. “Me llamó mucho la atención saliendo a la ciudad, que tomaban los mezcales y que jóvenes de cierta edad veían al mezcal como una parte cultural fuerte de la cual se agarraban”. 

Hoy, Olivera se dedica a la administración y mercadotecnia, y es una de las mujeres más activas en la industria del mezcal. Tres Colibrí cuenta con una producción pequeña de mezcales artesanales que solo se pueden comprar directamente con ellos.

Reina Sánchez
Productora de mezcal

La “Tía Reina”, como le dicen con cariño, es una maestra mezcalera que, al igual que Olivera y la mayoría de las mujeres dedicadas al mezcal en Oaxaca, ha pasado toda su vida entre magueyes, hornos de tierra y barriles de fermentación. Patrona de su propio palenque cerca de Miahuatlán, vende a otras marcas que le compran litros de destilado que después venderán bajo su propia etiqueta. 

Como mujer en la industria mezcalera, Sánchez se ha visto cuestionada sobre su trabajo dentro del palenque. Alguna vez le preguntaron incrédulamente cómo hacía para cargar las piñas tan pesadas. Ella simplemente respondió: “Hay cosas que no las puedes hacer tú, pero pagas a alguien para que lo haga”.

Graciela Ángeles
Gerente general de Mezcal Real Minero

La familia Ángeles tiene más de 100 años produciendo mezcal, aunque antes lo hacían para consumo personal. Graciela Ángeles recuerda su infancia entre magueyes, a los cuales les está eternamente agradecida. “A la planta de maguey yo le debo mucho, prácticamente todo lo que he podido hacer en mi vida. Gracias al maguey pude llegar a la universidad… vendía maguey cocido para juntar el dinero que necesitaba”.  

Lo de estudiar no era ni fácil ni común como mujer ni en el ámbito rural en el que vivía. Pero sus padres quisieron que estudiara y que se saliera del campo. Estudió comunicación, pero no pudo evitar regresar, dedicándose al mezcal y vendiendo su pequeña producción fuera de su pueblo. Desde entonces quedó al frente de la administración del negocio y se propuso crear una marca, crecerla y vivir de ella. Hoy, el mezcal Real Minero cuenta con distribuidores en todo México y algunas ciudades de Estados Unidos. “El mezcal forma parte de mi identidad. Me gusta el campo y no me imagino haciendo otra cosa”, dice.

Mariana y Karen Garduño
Propietarias, Mezcal Zunte

Las hermanas Garduño no cuentan con un lazo familiar con el mezcal; simplemente lo vieron como un buen producto para comercializar y desarrollar una marca. 

“El mezcal hace siete u ocho años todavía no tenía el boom actual, entonces le vimos muchísimo potencial”, explica Mariana. “Vimos que era un producto que causaba mucha curiosidad en el extranjero. La gente fuera se preguntaba por qué tenía un gusano, qué diferencias tenía con el tequila”.

Zunte nació en 2012, y para hacer el proyecto realidad, las hermanas visitaron durante meses los nueve estados en México que cuentan con denominación de origen. Al fin, encontraron en Oaxaca a la familia mezcalera que estaban buscando para producir un destilado joven, artesanal y de altísima calidad. 

“Tardamos mucho tiempo en la fase de investigación y de trabajo previo para entender la producción”.

Karen, especialista en exportación, y Mariana, especialista en mercadotecnia, dieron vida a una marca joven de mezcal creada en un inicio para venderse exclusivamente fuera del país, con presencia en Europa, Sudamérica y China. Pero la gran demanda ha hecho que también se comercialice en México. 

“El mundo es de hombres aún, pero siempre hay espacio para nosotras, cuando hay trabajo y ganas de hacer las cosas”, dice Mariana. 

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