Un Viaje Con Maletas Vacías Curó el Desamor

PALABRAS Aleyso Bridger
junio 2018
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El dia que “Rafa” organizó un almuerzo íntimo de despedida con mis amigas más cercanas en Barranquilla, entre copa y copa me dijo que yo llegaría a Londres con las maletas llenas y regresaría a Colombia con ellas vacías. Reconozco que estaba enamorada, casi que enceguecida por él; amaba como escribía y todos los domingos esperaba ansiosa a que el diario El Tiempo entrara por debajo de la puerta de mi casa para devorar las columnas que con mucha sapiencia él escribía. Así que en ese momento, tomé esa sugerencia como parte del discurso bonito de una supuesta despedida temporal llena de esperanza. Es que la decisión estaba tomada: viajaba a Londres a estudiar. 

El día antes de subirme al avión, no dormí pensando en el riesgo que estaba tomando: dejaba mi trabajo como ejecutiva de publicidad en el periódico más importante de Colombia, vendí mi auto para complementar los gastos del costoso pero tan planeado viaje, y para completar, sería una desempleada más al regresar. Era el precio que tendría que pagar para hacer realidad el sueño. Con todo y eso, lo que más me trasnochaba era el hecho de no ver a Rafa por casi un año, porque en esa época no existía Facetime ni Whatsapp, y apenas empezaba a usarse el correo electrónico, al cual tendría acceso como estudiante comprando una hora de internet por cinco libras esterlinas.

No le entendí el mensaje a Rafa, hasta dos meses después, cuando el muy majadero se dio el lujo de aterrizar en Londres a terminarme en pleno Au Bon Pan, el que queda por el Ritz Hotel. “¿Recuerdas cuando te dije que regresarías a Colombia con las maletas vacías? ¡A esto me refería!”, me dijo. “No te abandonaré, te ayudaré a conseguir trabajo cuando regreses”, agregó para consolarme. 

Como mujer digna le dije que no lo necesitaría. Pero, lloré como María Magdalena por tres días mientras que para calmar mi guayabo volé directo a Madrid, y de ahí tomé un tren a Barcelona. Despechada y enamorada, ni el largo paseo, ni la buena rumba española en la Villa Olímpica, calmaron la tusa. Regresé a Colombia después de un año de estudios en Goldsmith College con la maleta vacía. Pero todo lo demás se me sirvió en bandeja de plata. Logré uno de los trabajos más gratificantes y bien pagados que tuve en Colombia. Me uní más a mis padres, me puse más bella y todo floreció nuevamente. Saqué lo viejo y me llegó algo estupendo a mi vida. Después de un tiempo, él se arrepintió, quiso volver pero ya era muy tarde. Para ese entonces, había decidido dejar el éxito en Colombia para empezar una nueva vida en Miami. Y aquí estoy, con la maleta llena pero de ¡puras metas!

Y es que veces, dejar ir es lo más importante para seguir.  Porque es cierto: todo pasa y no hay mal que dure cien años.

Aleyso Bridger es CEO de Bridger Communications, y AS Media Connections, líderes en estrategias de mercadeo digital y relaciones públicas. También es autora de Tu quinceañera hecho fácil (Penguin group).

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