Guatemala

En Petén, a la caza de ruinas perdidas en el corazón de la selva

PALABRAS Celeste Rodas de Juárez
Agosto / Septiembre 2018
COMPARTIR

Fotos: Carlos Lopez Ayerdi. La Gran Pirámide de La Danta.

A cabo de volar en helicóptero sobre el único bosque tropical intacto que queda en Mesoamérica. Son cientos de kilómetros de selva virgen, donde miles de árboles se amontonan de manera tan compacta, que me parece una visión milagrosa encontrar en ese tapiz de verdes tan tupidos, el pequeño espacio en el que la nave aterrizó. Por fin he llegado al helipuerto la Cuenca de El Mirador, una zona de 2.169 kms2 al norte de Petén, Guatemala, donde destaca la ciudad más grande y antigua de la civilización maya. 

 

La hélice aún no se apaga, pero ya camina a mi encuentro el Dr. Richard Hansen, el arqueólogo que dirige el Proyecto Cuenca del Mirador, la entidad a cargo de las excavaciones arqueológicas de la zona. Con una enorme sonrisa me dice: “Estás en el sitio de las pirámides más grandes en volumen del mundo, las pirámides más altas de las Américas, el primer sistema de súper carreteras de toda la historia, el primer estado político de las Américas. Aquí gobernó la Dinastía maya Kan. ¡Este es el corazón de la civilización maya y cada día descubrimos algo nuevo!”.

 

Hansen, un investigador del Departamento de Antropología de la Universidad de Idaho y del Instituto para la Investigación Mesoamericana de Estados Unidos, ha dedicado los últimos cuarenta años a la “caza” de las ruinas de esta civilización que yacen enterradas en la segunda reserva de selva tropical más grande de América Latina (la primera es el Amazonas).

 Su pesquisa no ha sido en vano y por eso he viajado a reunirme con él.  


El Dr. Richard Hansen. 
 

Soy guatemalteca y hace más de tres décadas vivo en Estados Unidos y cada vez que regreso a mi país, no puedo evitar sentirme como turista en mi propia tierra. Aquí, en El Mirador, donde pareciera que el tiempo y la maleza han congelado el reino enigmático de los mayas, el progreso llegó en forma de un escáner láser llamado LiDAR (siglas en inglés para “detección por luz y distancia”). 

 

“El descubrimiento fue asombroso: el láser traspasó toda la vegetación y dejó ver que aquí en Petén hay 60.000 estructuras: miles y miles de templos, pirámides, sistemas de súper carreteras, terrazas de agricultura y edificios”, dice Hansen.  Gracias a esta revelación, el mundo ha comenzado a abrir los ojos hacia El Mirador.  

 

Cómo llegar

Aunque las ruinas están abiertas desde hace 18 años, el turismo a la zona no ha sido desbordante, sobre todo por su difícil acceso. Para llegar hay que hacerlo caminando, en mula o helicóptero.

Primero hay que viajar de la Ciudad de Guatemala a Flores, la capital de Petén (a unos 480 km), ya sea en avión (1 hora) o autobús (8 horas). Ya en Flores, trasladarse por vehículo 85 km (dos horas) hasta Carmelita, la comunidad desde donde salen los tours a El Mirador.


Una máscara esculpida en una estructura

Quienes opten por la travesía a pie (o por mula) deben estar preparados para realizar un viaje a lo Indiana Jones (toma dos días llegar), donde la arqueología e historia se combinan con la naturaleza (hay avistamiento de aves y explicaciones sobre la floresta), la aventura y el deporte, pues tendrán que caminar 40 km, a paso relajado, en medio de la jungla. 

 

Se duerme una noche en El Tintal, un importante centro urbano maya de unos 850 edificios que en su apogeo estuvo unido a El Mirador por un sistema de calzadas. Aquí hay ruinas importantes como el Patrón Triádico, que tiene un campo para juego de pelota, la Calzada Jade y la Acrópolis, desde donde pueden ver la puesta del sol. 

 

Hay personal que le cocina a los turistas platillos típicos regionales y los acomodan para que puedan descansar. Para evitar los mosquitos y las altas temperaturas, la mejor época para el viaje es de Noviembre a Abril.

 

Al otro día se llega a El Mirador, y aunque el esfuerzo no es poco, la recompensa es casi del otro mundo. 

 

Por qué vale la pena

Estar en El Mirador es una experiencia alucinante que crispa la piel de emoción. Después de escalar entre la montaña (sí, aún los que viajamos por helicóptero tenemos que caminar un trecho cuesta arriba para llegar a las ruinas), se develan frente a nosotros unas imponentes ruinas: “Bienvenida al mundo iconográfico 300 años antes de Cristo”, anuncia mi entusiasta anfitrión.  

 

Allí, en medio de la jungla, aparece como por arte de magia la Gran Acrópolis del Mirador, una compleja estructura donde se cree que vivían los más poderosos de ese reino. Se puede apreciar que el edificio contaba con enormes canales para recolectar el agua de la lluvia, y en dos enormes murales dejaron esculpida la entera cosmología maya.


Panel central de héroes gemelos en la Gran Acrópolis Central.

No puedo evitar comentarle a mi anfitrión que estas ruinas me recuerdan a Angkor Wat, en Camboya. “Exacto”,  me contesta. “Ese es otro gran ejemplo de un gran apogeo cultural en un bosque tropical. La diferencia es que estas ruinas son dos mil años mas antiguas”.  

 

Eso, precisamente, es lo que lo impulsa a seguir cavando en medio de esta selva: “Me apasiona saber que estamos caminado y respirando en medio de la mera cuna de la civilización maya”. 

 

La vista más sobrecogedora 

Hasta ahora, la mejor muestra de la arquitectura y cultura maya  la tiene la pirámide de La Danta, que está sobre una colina de 72 metros de altura y abarca unos 3 km2. 

 

Horas antes, al volar por encima de ella en helicóptero, parecía una montaña erigiéndose sobre el horizonte, pero al verla de frente se aprecian varios árboles brotando de su interior, como confirmando que en este sitio, la historia y la naturaleza siempre encuentran una forma de comulgar. 


El comedor para el personal de El Mirador.

“Fueron estos árboles los que les dieron el poder y también su perdición”, dice Hansen.  “Los mayas quemaban 6 toneladas de árboles  para producir una tonelada de la piedra caliza que usaban para sus edificios. Fueron deforestando toda la zona que los alimentaba. Sin tener qué comer, tuvieron que abandonar sus impresionantes ciudades”.

 

¿Se repetirá la historia?

Tristemente, la historia podría repetirse, pues la deforestación ya empezó en la zona.  

La propuesta de Hansen, quien además es el fundador de la Funda-ción para la Investigación Antro-pológica y Estudios Ambientales (FARES), es que se declare al Mira-dor una zona silvestre sin carreteras. “Sería la primera área protegida de América Latina y una de las pocas del mundo. Aquí se encuentra uno de los grandes pulmones del mundo. Tenemos que protegerlo. Estamos hablando de una joya,  un verdadero tesoro 

Compartir

Más Destinos

La Frontera Bien Mezclada

Bienestar en el Desierto

Todo Florece en Corea del Sur

Barbados: Donde el lujo y lo autóctono conviven en el Caribe