Bienestar en el Desierto

En el Valle de Coachella, convergen montañas y arena, salud y glamur.

PALABRAS Leila Cobo
octubre 2018
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La entrada al Valle de Coachella, en California, está custodiada por cientos de gigantescos molinos de viento erguidos majestuosamente en el Paso de San Gorgonio. Es una vista tan impresio­nante como surreal, como lo es, de hecho, todo este paisaje desértico que por su clima seco, se ha convertido en un destino predilecto para la salud y el ejercicio. 

Aunque el nombre Coachella es también sinónimo del festival de artes y música del mes de abril en el desierto, el valle es un reducto de ciudades resort, incluyendo Palm Springs, Palm Desert, Rancho Mirage, Indian Wells (sede del torneo de tenis de Masters, uno de los más importantes del circuito profesional), Indio y La Quinta, todas relativamente nuevas (incorporadas en los años 30) y cada una con su encanto particular. 

Para llegar aquí, volé a Los Ángeles desde Miami, y ahora manejo dos horas hacia el este (también hay vuelos a San Diego o directamente al aeropuerto de Palm Springs), para pasar cuatro días inmersa en salud y ejercicio mental y físico. Obviamente, hay muchos resorts y hoteles alrededor del mundo que ofrecen precisamente eso. Pero, yo no quería una propiedad: quería un destino. Y este valle, entero, es un destino de salud, desde sus aguas termales naturales hasta sus montañas, y claro, el clima seco, el aire limpio y un desierto majestuoso que es el marco perfecto para yoga y meditación. El ambiente de salud se extiende hasta la comida; los mejores restaurantes usan producto enteramente local. 

“La primera vez que vine fue a visitar a los padres de mi esposa en Rancho La Quinta”, me dice Sean Hoess, CEO de  Wanderlust, una compañía que produce eventos multitudinarios, productos y experiencias de bienestar y salud. “Es un lugar extraordinario; me enamoré de él.  Tienes las montañas, el desierto y este oasis”. Hoess se enamoró a tal grado, que decidió lanzar un nuevo evento de bienestar: Wellspring –octubre 26-28, en Palm Springs–, que incluirá charlas, clases y tratamientos con cientos de expertos y líderes (wanderlust.com/wellspring).  

Además de Wellspring, Palm Springs también recibirá su primer “Ironman” en diciembre, todo parte de la evolución de la zona. “La principal razón de la gente que viene al desierto es para relajarse”, dice Joyce Kiehl, directora de Comunicaciones del centro de convenciones y visitantes de Palm Springs. “La segunda razón es salud y bienestar. Antes, la gente quería jugar golf, ahora quieren salir y escalar montañas. Tenemos el desierto, tres cordilleras y más de 100 senderos”. 

Por años, Palm Springs (famosa por su festival de cine) y sus alrededores han sido el destino preferido de celebridades de Los Ángeles. Hoy, es también el centro de despedidas de solteras como de encuentros de yoga.  


El Ritz Carlton y los molinos de viento de San Gorgonio. 


LAS AGUAS DEL DESIERTO

La primera parada en el valle es Desert Hot Springs, una pequeña ciudad construida literalmente encima de un gran acuífero natural de aguas termales que brotan a la superficie. Los spas abundan, más de 20, pero voy a Two Bunch Palms (twobunchpalms.com), una propiedad rica en historia (dicen que era el escondite de Al Capone), famosa por sus aguas termales bajas en azufre y ricas en litio. Por años un refugio un poco “hippy”, informal y de buenas vibras, la propiedad de 30 hectáreas y 67 cuartos ahora tiene nuevos dueños y ha pasado por dos renovaciones. Toda su operación se enfoca en el bien del medioambiente y la sostenibilidad. 

“Nuestra visión siempre ha sido ser juguetones, iconoclastas y conservar ese espíritu de ser un ‘pequeño oasis especial’ en el desierto”, me dice su nueva dueña, Erica Chang. 

“¡No escribas nada!”, me exclama una mujer que encuentro en el pequeñísimo lobby. “¡No queremos que esto se llene de gente!”. 

Two Bunch Palms es solo para adultos, y la vibra es lujo/relax. No hay televisión en los elegantes y modernos cuartos, todos a pasos de las termales, que se extienden por la propiedad y donde se pide silencio. Al restaurante Essence (toda la comida es local y orgánica), muchos van a comer en bata y todos los días hay un menú de clases con títulos como “Descubre tu poder animal” y “Mensajes de los ángeles”. 


Las termales de Two Bunch Palms en Desert Hot Springs. 
 

A TRAVÉS DEL DESIERTO

Al otro día parto rumbo a Joshua Tree (nps.gov/jotr/index.htm), el imponente parque estatal (300.000 hectáreas) conocido por sus parajes desérticos, bellos y desolados. Hay muchísimas opciones de senderismo y camping, pero planee según la época del año pues el clima desértico requiere preparación: de octubre a marzo, no hace tanto calor pero las noches son frías.  De junio a septiembre no es recomendable hacer ejercicio arduo, pues el calor es extremo. Además, aquí no hay tiendas (hay que llevar agua y comida), ni electricidad ni recepción celular, salvo cerca de las entradas al parque. 

Exhausta tras dos horas, llego a Rancho Mirage, donde me esperaba el grande y lujoso Ritz Carlton (ritzcarlton.com), situado 200 metros por encima del desierto, con una vista maravillosa desde cualquier punto, incluyendo su magnífico steakhouse, The Edge, cuyo nombre literalmente traduce a “El borde”… porque está al borde de un precipicio que da al desierto.

En la mañana, a las 6:30 en punto, todos nos reunimos en el lobby (siempre tienen aguas frescas infusionadas con frutas y dulces para los niños) donde nos esperaba Frank Sheckler, quien todas las mañanas guía a huéspedes energéticos por una caminata de una hora y media por las montañas que colindan con el hotel. 

“Un hotel con caminos de senderismo por las montañas no es común”, me dice Sheckler, quien trabajó por años en parques estatales. “Cuando me contrataron, buscaban alguien específicamente que guiara las caminatas”. Esa mañana, subimos por empinadas cuestas hasta llegar a una meseta desde la cual vemos la ciudad debajo de nosotros, y un halcón sobrevolar encima. Sheckler nos dice que hay cientos de senderos por las montañas del valle, todos con diferentes niveles de dificultad. Al otro día voy a Palm Desert, donde me aventuro al “bump and grind”, una empinada y difícil  caminata de casi cinco kilómetros por altas montañas. 

Olivia Marie Leschnik-Avilez, la profesora de yoga del Ritz, también lidera un yoga-hike de 90 minutos que incorpora estiramiento, senderismo y poses de yoga. “La gente viene al desierto a relajarse”, dice. “Hay algo en las montañas que nos rodean que te hace sentir seguro y asentado, y el agua y el aire son tan limpios aquí”. 

FITNESS Y LUJO

Aunque el desierto es mágico, los amantes del lujo (y la sombra) pueden encontrarlo en las docenas y docenas de resorts y spas (ver recuadro). El del Ritz está anclado por un gran gimnasio en la planta baja y un spa de ultra lujo en la planta alta, donde descuellan no solo los tratamientos (el Spirit of the Mountains utiliza hierbas y minerales del desierto), sino las áreas de relajación con tragos, comida y piscina privada. 

En mi último día, fui a comprar los famosos dátiles de la zona, y luego subí al tranvía aéreo de Palm Springs, unos cuatro kilómetros por el Cañón Chino hasta el parque estatal Mt. San Jacinto, a 2.600 metros de altura. La vista es de ensueño, y me hace ver, una vez más, que en el desierto todo es más grande.  

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