La Bella Época de Cecilia Suárez

Su nombre nos remite al dorado momento que viven el cine, el teatro y las series hechas en México.

PALABRAS Alejandro Mancilla  
Deciembre 2018 / Enero 2019
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Fotos: Germán Nájera + Iván Flores

“Sin popote por favor”, pide Cecilia Suárez a la chica que le sirve su bebida: un jugo artesanal de frutas, adornado con una fresa en el borde. La actriz luce espléndida. Pasado el mediodía y terminada su sesión de fotos, nos encontramos en la terraza del hotel Downtown México en el Centro Histórico de la Ciudad de México, y hacia la calle, se observa el fluir citadino. Abajo, la gente camina entre aparadores, el Casino Español y las tiendas de casimires que sobreviven al futuro, poblando el paisaje de colores, sonidos y sabores. 

“¿Y si bajamos al lobby?”, sugiere. En el elevador me confiesa algo: se muere de hambre. A lo lejos, el organillo de un cilindrero ambulante nos provee de un fondo musical que bien nos podría transportar al pasado. Pero ella no mira atrás tan a la ligera. Sabe que su buena estrella brilla hoy gracias al furor desatado por La Casa de las Flores— la serie de Netflix dirigida por Manolo Caro—, donde su personaje de Paulina de la Mora se ha convertido en un ícono pop.

“¡Habla como Paulina de la Mora!” le suelen pedir. “Mis amigos no, porque son respetuosos”, aclara (nosotros, no nos atre­vemos a hacerlo… aunque sí queríamos). Por un tiempo se rumoró que existía una cláusula de Netflix que le prohibía expresamente hablar con el tono de voz ca-rac-te-rís-ti-co del personaje fuera de los sets. Hoy, nos despeja la duda: “Solamente fue una recomendación que agradezco porque vela por el personaje y su magia dentro de la historia. Y sí, me piden todo el tiempo que hable como Paulina”. La serie –donde comparte créditos con Verónica Castro y Aislinn Derbez–, se renovó por dos temporadas más. 

Mientras esperan comenzar la filmación en 2019, veremos a Suárez en la película Perfectos Desconocidos –estrena el 25 de diciembre en México y el 11 de enero en Estados Unidos–, nuevamente dirigida por Caro y junto a Mariana Treviño y Ana Claudia Talancón. En el relato, que se desarrolla en medio de un eclipse y una cena que revela secretos prohibidos, Cecilia interpreta a una mujer un tanto maquiavélica. 

“¿En serio así la ves? Me parece interesante cómo la percibes, porque creo que ella tenía todos los motivos para actuar como lo hizo, no la puedo juzgar”, asevera. Sean buenos o malos sus personajes, “mi trabajo es justificarlos. Mi herramienta más poderosa como actriz es la empatía”, opina.

Nunca jugué a ser actriz

Suárez nació un 22 de noviembre en Tampico, Tamaulipas, una ciudad portuaria en el noreste de México donde coexisten mar, ríos y lagunas. “Es una zona que te obliga a estar en contacto con la naturaleza, a salir y estar mucho tiempo en la calle”, dice. “Me siento orgullosa de haber nacido ahí. Hay una comunidad de la que aún me siento parte; conservo amigas desde los 4 años”. Cecilia vivió una infancia feliz, pero jamás pasó por su mente la actuación, y de hecho, no había ni un teatro [cerca] cuando era niña.

“Nunca jugué a ser actriz, qué aburrición”, subraya. “Mis padres sabían que la niñez es un tesoro que hay que alargar y respetar”. 

La actuación la encontró lejos, en la Universidad de Illinois en Estados Unidos.  Primero se planteó estudiar leyes, al final se decantó por el teatro. 

Sexo, Pudor y Lágrimas –que está por cumplir 20 años y es uno de los filmes más taquilleros del cine hecho en México– representó su primer triunfo. Cecilia sonríe y abre muy grandes sus expresivos ojos al recordar: “Solamente buenos recuerdos de la película con la que comencé a ser parte del cine de mi país”, asegura. Más tarde vinieron Todo el Poder (2000) y Puños Rosas (2004) e incluso aterrizó en Hollywood al lado de Kevin Bacon y Andy García en The Air I Breath, (2007). 

De telenovelas, sólo algunas al comienzo. “Descubrí que no era lo que me movía, no quería eso como actriz”, comenta. En cambio, la esencia de Suárez está en su trabajo en películas y series eminentemente mexicanas en cuanto a temática y lugar, como la serie Capadocia (que le dio una nominación al Emmy Internacional) y la película  La Vida Inmoral de la Pareja Ideal (2016). Esta última fue dirigida por Caro, de quien se dice, es la musa más puntual.

“Conocí a Cecilia a mis 14 años, a fines de los 90 en Guadalajara”, dice el director. “Me atrajo su belleza y el imán que tiene como actriz y persona”.

Una artista vocal

Los personajes que interpreta Suárez tienen gran carácter. En eso se parecen a la actriz. Recién atendió al llamado de la Unión Europea y la ONU para ser parte de la iniciativa Spotlight, que busca erradicar la violencia contra mujeres y niñas. Fue nombrada Embajadora Global contra los feminicidios y en septiembre ofreció un discurso llamado “Harta”, en la sede de la ONU, en Nueva York. 

Suárez es conocida como una artista vocal, que denuncia injusticias en su país.  

“Su congruencia es una cualidad bellísima, pero le ha causado tanto sus mayores éxitos como sus mayores desgracias, porque la gente no está acostumbrada que le digan las cosas frontalmente”, dice Caro. 

A la vez, el sentido de pertenencia de Suárez hacia lo mexicano es notable. “El México del que me siento orgullosa es el de la solidaridad, el de la gastronomía, el de la bondad de las personas. La nación que se levanta diario y sale a trabajar para que el país cambie. Ésos son mi héroes”, comenta. 

Como sus “héroes”, Suárez está comprometida con el país. En una entrevista con el periodista Jorge Ramos en 2017, explicó porqué hacía su carrera en México. 

“Me parecía que los mejores papeles iban a estar escritos en mi país y en español. Yo no quería contar la versión que la cultura norteamericana entiende como la nuestra”, dijo. 

Esfuerzo reconocido

En octubre se convirtió en la primera mujer en recibir el Premio Cuervo Tradicional, un galardón que otorga la industria mexicana cinematográfica. “Es un gran honor, pero no puedo evitar refle­xionar que se tardaron mucho en reconocer el trabajo de las mujeres en nuestro cine. Espero que las nuevas generaciones no tengan que esperar tanto”, asegura la actriz.  

A Suárez no le gusta decir que es camaleónica, pero la verdad es que se mueve convincentemente entre el drama y la comedia, y admite que “me parecería terrible quedarme en un mismo tipo de personaje”. 

Lo que la sensibiliza, agrega, es la vida misma, y no falta la buena película que la haga llorar.  “A mi hijo (Teo de León, de 8 años) le llama la atención cuando eso pasa. Le da risa y me dice ‘¡chillona!’”. 

“No me gusta estar estática, es irreal, no hay nada más constante que la impermanencia”, finaliza mientras prueba unos tradicionales churros con helado que le acaban de llevar a la mesa. 

Nos despedimos. Algunos fans que ya habían detectado su presencia parece que sí se van a animar a pedirle una foto a Cecilia. Si lo hacen, ojalá no le digan: “a ver, habla como Paulina de la Mora”. O-ja-lá.

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