Rosa Salazar: La Guerrera

Rosa Salazar, estrella de Alita: Battle Angel, Lucha Dentro y Fuera de la Pantalla.

PALABRAS Verónica Villafalle
Febrero/Marzo 2019
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El zapateo por las esca­leras se detiene, y aparece Rosa Bianca Salazar, casi sin aliento. “¡Estoy lista!”, exclama, con una sonrisa y un suspiro. La actriz ha pa­sado la mayor parte del día posando con ropa glamorosa para una se­sión de fotografías en Santa Mónica, California, con el océano y un hermoso día cálido y soleado como telón de fondo. 

Ahora, lleva su corto cabello recogido y está vestida con un cómodo pantalón a cuadros, una camiseta blanca atada con un nudo que expone su vientre y esbelta figura, y chancletas. “Este look es más yo”, afirma.

“¿Quién es Rosa Salazar?”, es la pregunta que muchos se hacen desde que se supo que la energética actriz estadounidense de 33 años sería la protagonista de Alita: Battle Angel, la súper producción de más de US$200 millones que se estrena en febrero. La película de ciencia ficción basada en una popular historieta manga japonesa de Yukito Kishiro, viene de la mano de los productores James Cameron y Jon Landau (TitanicAvatar) y el director Robert Rodríguez (DesperadoSin City). 

En su papel más importante hasta la fecha, Salazar interpreta una heroína cíborg con cerebro humano rescatada de un basurero, sin memoria de quién es. Mientras aprende a navegar su nueva vida, descubre que tiene habilidades únicas.

“Cuando conseguí la audición, pensé: esta es mi historia…

la niña que encuentran en la basura se siente insignificante y se da cuenta a través de auto reflexión que no lo es”, dice Salazar. “En realidad, es una persona muy importante que tiene el poder de cambiar todo para todos. Sentí una conexión con ella. La entendí. Me identifico con su vulnerabilidad, la sensación de no saber quién eres, especialmente cuando eres joven y te sientes que estás en una piel ajena”, agrega. Pues aunque Salazar está viviendo el momento más espectacular de su carrera, llegar hasta aquí ha sido tan dramático como cualquiera de sus películas.  

Una infancia difícil

La actriz nació en Washington, D.C., hija de un inmigrante peruano y una madre estadou­nidense. La llamaron Rosa en honor a Rosa Luxemburg, la filósofa y activista polaca de principios del siglo XX a quien muchos le atribuyen la famosa frase: “Si no nos movemos, no sentimos nuestras cadenas”. 

 “En mi nombre hay una activista, una guerrera”,

subraya Salazar, que desde niña amó actuar y entretener. 

 “Al principio, mi madre me apoyaba. Me puso a estudiar ballet. Yo tenía tanta energía, que bailaba, hacía gimnasia, actuación, tocaba el violín, asistía a clase de artes escénicas”, recuerda la actriz. “Necesitaba actuar. Era el payaso de la clase”. Su carácter extrovertido lo complementaba con una fértil imaginación. “Era una loba solitaria. Iba en aventuras a un arroyo, entraba a casas abandonadas, inven­taba aventuras imaginarias, escribía poesía y tenía rocas como mascotas”.

Su admirador más devoto fue su padre, quien dejó su país atrás para soñar con una vida mejor en Estados Unidos. Él fue el “héroe” de Rosa, el primero que le dijo que tenía algo “especial”. 

 “Cuando mis padres se divorciaron, mi madre me abandonó. Me entregó a un hogar de crianza temporal cuando era una preadolescente”, recuerda con tristeza. “Me emancipé cuando tenía 15 años. Me convertí en una adulta”. Pero Salazar mantuvo el contacto con su padre hasta su muerte en 2012. “Me man­daba dinero cuando podía, me visitaba. Creía en mí y me apoyaba como podía. Por la manera en que creía en mí, yo sabía que lo podía lograr”. Salazar lleva la firma de su padre, Luis Santiago Salazar, tatuada en su costado. “Es un homenaje a él. Representa cuánto amé a mi papá”. 

De nómada a Hollywood

Tras terminar la secundaria, sin dinero o quien la guiara, Salazar determinó que no era factible acudir a la universidad. Durante dos años, fue una nómada, visitando a amigos alrededor de los Estados Unidos. “Encontraba situaciones interesantes. Esos dos años fueron la mejor educación para actuar, co­nocer gente, aprender su comportamiento idiosincrásico y aprender nuevas historias, personajes”, comenta. “Eso es lo que hacemos como actores, asumir personalidades de otras personas”.

Con grandes ambiciones, se mudó a Nueva York a los 19 años y estudió actuación de noche en el reconocido Herbert Berghof Studio, mientras se mantenía con tres empleos: barista, mesera y mensajera en bicicleta. “Fue un tiempo mágico, porque estaba tomando los primeros pasos para convertirme en actriz”, dice Salazar.

Comenzó haciendo comedia standupy videos de parodia antes de mudarse a Los Ángeles, donde le llegó su primera gran oportunidad en 2011-2012 con 13 episodios en la serie Parenthood. “No lo podía creer. Me estaban validando como actriz. Me pagaban por estar en TV con actores increíbles… y al mismo tiempo, me seleccionaron para un papel de cuatro episodios en American Horror Story: Murder House”. La serie recibió 17 nominaciones a los premios Emmy. 

Y también se aventuró a los videojuegos, donde puso la voz de Copperhead en Batman: Arkham Origins.

Pegó el salto al cine interpretando personajes fuertes y aventureros en historias de fantasía futurística: The Divergent Series: Insurgent Maze Runner: The Scorch Trialsy la secuela Maze Runner: The Death Cure. Fueron papeles y situaciones que la prepararon paraAlita

Salazar entrenó cinco meses en artes marciales antes del rodaje para resistir la intensidad del esfuerzo físico requerido durante secuencias de acción, a veces de hasta 17 horas de filmación diarias. Durante la mayor parte del tiempo, estaba colgada de cables en un traje de captura de movimiento que trasladaba sus movimientos y expresiones digitalmente para componer imágenes tridimensionales de su personaje.

“Lo que me encanta de las artes marciales es el nivel de determinación que me dieron para superar lo que sea”, afirma Salazar, para quien hoy el “dojo” –espacio para entrenamiento de artes marciales– es una parte indispensable de su rutina.  “Me enseñaron a encontrar mi guerrera interior, a manejar la rabia que tengo de mis traumas y usarla en el momento adecuado; a calmarme, abrir mi mente y seguir adelante”.

Adiós a la niña insignificante

Estar al lado de Robert Rodríguez, dice, fue parte esencial de todo el proceso. “Para empezar, es trabajar con un director latino cuando eres latina, eres la protagonista y tienes una voz. Robert escuchaba lo que decía y proponía. Nunca me ignoró. Fuimos colaboradores. Me empoderó como mujer y latina y por primera vez en toda mi carrera, me sentí como alguien importante en este negocio”.

Salazar está entusiasmada con su presente y futuro. Además de las grandes expectativas alrededor de Alita,  pronto desempeñará el papel principal en la serie dramática animada Undone, que se estrenará en Amazon en 2019. También aparece en dos nuevas películas de Netflix: Bird Box, protagonizada por Sandra Bullock, y The Kindergarten Teacher, junto a Maggie Gyllenhaal y Gael García Bernal, su amor platónico. 

“Son pocas escenas, pero tenía que hacer la película con Gael…. He estado enamorada de él durante años”, sostiene emocionada. “Es una persona hermosa, un actor fenomenal que elige películas extraordinarias que reflejan quién es él…. Yo también necesito hacer selecciones que reflejen quién soy como artista y persona”.

“Siento que todo está cambiando a mi alrededor”, agrega.

“Estoy lista para entrar en mi luz. Ya no me veo como una niña insignificante”.

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