La Frontera Bien Mezclada

Vivencias entre Tijuana y San Diego.

PALABRAS Jorge Santos del Barrio
Febrero/Marzo 2019
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En San Diego, murales revolucionarios con identidad chicana.

En este punto, a nadie extraña que el mariachi suene fuerte en Estados Unidos y el rock mueva cinturas en México. No, no es un espejismo del desierto cercano. Es la frontera más transitada del mundo: más de 30 millones de personas por año cruzan por San Diego y Tijuana, mezclando tradiciones. Tijuanenses que trabajan en San Diego, sandieguinos que residen en Tijuana o gente que llegó de paso y se quedó toda una vida, componen el crisol de historias que dan un sabor pintoresco a la esquina occidental de México y Estados Unidos. Como resultado, esta región presume de chefs de renombre internacional, mixólogos y artistas de talento bilingües, y personajes de película. 

En San Diego, las herencias españolas, estadounidenses y mexicanas han creado una explosiva escena cultural. Barrio Logan es uno de los secretos mejor guardados de la bahía de San Diego. “Éramos demasiado blancos para los negros y demasiado negros para los blancos”, comenta el muralista Mario Torero. Este artista de origen peruano y espíritu chicano, criado en Barrio Logan, pintó en 1973 el primer mural en Chicano Park, en el corazón de Logan. Hoy, el parque alberga la mayor colección de murales chicanos del mundo: más de 80 pinturas, inclu­yendo imágenes de figuras notables como Frida Kahlo. Torero está convencido de que sin el arte, Barrio Logan no existiría. “Yo me defino como ‘artivista’: a través del arte, visibilizo la causa… la comunidad chicana es la causa”, dice.


El famoso arco de Tijuana que da la bienvenida a la ciudad.

Escondida en un rinconcito de la bulliciosa Logan Avenue, está Casa XoVi, donde Xóchitl Villarreal, originaria de Tijuana, muestra con orgullo el resumen de las artesanías, sabores caseros y colores mexicanos. “Después de dos años vendiendo mis salsas caseras en mercados locales, logré mi espacio en el barrio”, comenta. Debido a la gran afluencia de turistas, XoVi ya tiene una segunda casa, rebosante de artesanías textiles llegadas de todas partes de México, Guatemala, Ecuador y Perú. “La mayor satisfacción es poder mostrar de este lado de la frontera las maravillas de nuestra herencia latina”, dice Villarreal.

ENTRE AGUACATES Y ACHIOTES

Si San Diego busca realzar su cultura chicana, Tijuana lleva los últimos cinco años afanada en recuperar el esplendor de sus calles más céntricas. Escondidos entre edificios Art Deco, los otrora bulliciosos pasajes comerciales Gómez y Rodríguez, testigos de los años dorados de la ciudad, comienzan a resurgir. 

Cuando las tiendas de baratijas se fueron, Max Mejía, el fallecido y reconocido promotor cultural y activista tijuanense, fue una figura central en impulsar el colorido Pasaje Gómez  y llenarlo de cerveza artesanal, diseño local y rocanrol. Una leyenda del pasaje, el café La Especial, se transformó en Casamentera, un bar, galería y foro cultural. Al Pasaje Gutiérrez también se le ha dado un enfoque más juvenil. Esta galería comercial, un clásico de la ciudad, hoy funge como multiforo, cine y espacio de creación con librerías, tiendas de diseño propositivo y cafés con encanto.

Si bien San Diego es de las ciudades de carácter más mexicano del lado norte de la frontera, a Tijuana le tomó tiempo reconocerse tricolor (los colores de la bandera de México). Testigo de la mexicanización de la ciudad es su mercado más tradicional, el Mercado Hidalgo, donde conviven el achiote yucateco con los aguacates jaliscienses. Su ampliación vino de la mano de la carretera Rumorosa, que conecta Mexicali con Tijuana. Más allá de surtir a los tijuanenses con una variedad abrumadora de productos frescos, el Mercado Hidalgo es también un atractivo turístico.
 


Murales en Chicano Park, el corazón de Barrio Logan.

Además de los productos frescos, el desarrollo de la cocina “Baja Med” (una cocina de fusión de Tijuana y otras zonas de Baja California) ha tenido influencia del Culinary Art School en Tijuana, donde se forjan muchos de los chefs del movimiento. “Cuando empezamos en un garaje hace 15 años, no imaginamos la revolución que ha supuesto esta escuela”, opinan sus fundadores, Javier González y Ana Laura Martínez. Hoy tienen más de 300 estudiantes –muchos del lado norte de la frontera— y su segundo centro educativo viene en camino.

Con semejante vecino culinario, San Diego no pudo sino rendirse a sus raíces mexicanas. En su cocina, el maíz, el chile y el frijol también tienen un papel estelar. Para la chef mexicana Flor Franco y su compañera, la chef estadounidense Torrey Stepp, la frontera es básicamente una ilusión. El sazón veracruzano de Franco se fusiona con los sabores culinarios de Stepp en las cocinas de Franco on 5th. Stepp resume el ugar como “mujeres fuertes en la cocina, representando siglos de tradición culinaria”. El restaurante, galería y atelier de Bankers Hill defiende la esencia mexicana de San Diego con su altar de Día de Muertos o su posada anual. 


El Pasaje Rodríguez está tapizado de murales.

 

UN MAR DE CERVEZA

Hasta hace diez años, las cervezas de apellido azteca reinaban en todas las barras de San Diego y Tijuana. Para terminar con el abu­rrimiento de elegir entre claras y obscuras, los amantes del jugo de cebada se pusieron manos a la obra y hoy San Diego cobija más de 150 cerveceras artesanales.

Horchata Golden stout y Abuelita’s Chocolate Stout son algunas de las creaciones de Border X Brewing, la primera cervecera 100% latina de la ciudad. Los hermanos Favela llevan cuatro años concentrando a México en vasos de media pinta en pleno corazón de Barrio Logan. 

SouthNorte Beer Co. es, como su nombre sugiere, otro proyecto con un pie en cada lado (“Nacimos en un cruce de culturas”, dice su página web”). A pesar de ser una cervecera san­dieguina, abrió su primera sala de degustación en Telefónica Gastro Park de Tijuana y crearon una cerveza en colaboración con el chef Javier Plascencia, eminencia de la Baja Med.

Si San Diego aprendió a cocinar observando a Tijuana, la ciudad bajacaliforniana le debe a su vecino del norte ser la mayor región productora de cerveza artesanal de México. Los hermanos Carlos y Juan Macklis llevan seis años compa­ginando sus puestos como ingenieros del lado estadounidense con la producción cervecera en su Tijuana natal. Su microcervecera, Norte Brewing, “comenzó como un hobby, haciendo la cerveza en casa”, recuerda Carlos. Hace dos años y medio abrieron Norte Tap Room en el centro de Tijuana, donde se puede disfrutar su inmensa variedad de ales, la especialidad de la casa. 

Para terminar con buen sabor de boca, Nórtico Bar, el speakeasydel chef Ruffo Ibarra, es la opción. Por este bar han desfilado los más reco­nocidos mixólogos de ambos lados de la frontera, ejemplo perfecto de que bien mezclada, la fraternidad fronteriza se sirve mejor.

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