Mendoza: 365 Días De Buen Vino

La provincia argentina se consolida como capital vinícola.

PALABRAS Silvina Pini
Febrero/Marzo 2019
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Viñedos de Mendoza.

La última que vez que estuve en Mendoza, cambiaba el siglo. Recostada junto a la imponente cordillera de los Andes, la provincia destacaba entonces por un vino tinto: el Malbec. En ese momento, unas pocas bodegas recibían improvisadamente a los turistas, y las opciones para hospedarse se concentraban en la ciudad capital. 

Hoy Mendoza es otra. En el último año y medio, con la apertura y ampliación de más de 40 de hoteles –incluidos varios cinco estrellas internacionales y lodges sofisticados– Mendoza es el destino turístico argentino de mayor crecimiento y una de las diez capitales mundiales del vino,  según Great Wine Capitals Global Network.

“En los años 90 las bodegas se tecnificaron, los enólogos y los agrónomos comenzaron a formarse en el exterior”, explica Fabricio Portelli, uno de los periodistas especializados más influ­yentes de Argentina. “A comienzos del segundo milenio, las inversiones en viñedos y bodegas se multiplicaron y la propuesta de vinos se transformó en más competitiva. Pero no solo los vinos evolucionaron. Fueron creadas rutas del vino, decenas de bodegas abrieron restaurantes de primer nivel y surgieron opciones para hospedarse entre viñas”. 

A una hora de vuelo desde Buenos Aires, Mendoza sorprende a los viajeros con la imponente cordillera de los Andes, que alcanza aquí sus picos más altos y donde las nieves eternas son el fondo constante de las viñas plantadas a pie de monte.

A diferencia de otras rutas internacionales de vinos como Franschhoek en Sudáfrica o Napa Valley en EE.UU., donde las bodegas se concentran y es posible recorrer varias en un día, las 210.000 hectáreas de viñedos en Mendoza se distribuyen en tres grandes regiones: Centro, Valle de Uco y Sur, cada una con sus diferencias de suelo y clima que producen distintos vinos.  En 2018 se inauguró el servicio del Bus Vitivinícola hop on-hop off que recorre las tres regiones, aunque para ello son necesarios varios días.

Mendoza cuenta con 1.200 bodegas, pero las que ofrecen servicios al turista están concentradas en el departamento de Luján de Cuyo, en la región Centro, y en el Valle de Uco. Allí el viajero se hospeda entre las viñas, juega golf, pasea a caballo y en bicicleta, y disfruta de alta gastronomía, centros de arte y conciertos de rock.

Aunque el éxito del Malbec abrió mercados y es la uva tinta más plantada, hoy sobresalen otras variedades argentinas, como la Bonarda, la segunda más plantada, y la Torrontés en blancos.  Además, “el auge del vino argentino en el mundo permite a muchos pequeños productores innovar a partir de cepas autóctonas”, dice Portelli. 


Reunión en Rosell Boher.

 

Bienvenida al país del vino

A unos 40 kilómetros del aeropuerto internacional, está Cavas Wine Lodge, asociada a la cadena Relais & Châteaux. Sus propietarios, Cecilia Díaz Chuit y Martín Rigal, dejaron su Buenos Aires natal para instalarse aquí y abrir un hotel de viña. “Imaginamos que detrás de la calidad que estaban cobrando los vinos argentinos, allá por el año 2000, vendrían los amantes del vino y querrían un lugar de un lujo rústico entre viñas”, dice Díaz Chuit. “Nos asociamos con un estudio de arquitectura y construimos Cavas como manera de contactarnos con la naturaleza. Disfrutamos de 365 días de sol y de tomar un buen vino diferente cada noche”.

Las 18 habitaciones están rodeadas de viñas y es posible una clase de cocina junto al chef Iván Azar, regalarse un tratamiento de spa –como exfoliación con pepitas de uva Malbec– y visitar la cava subterránea para la degustación que dirige el sommelier Martín Krawczyk.


Vinos en Alpasión Lodge.

Wine Safari es una agencia de viajes que propone una cabalgata por las bodegas vecinas. Recorrer el paisaje al paso de los caballos, rodeados de las vides verdes y las nieves eternas del volcán Tupungato, es mágico.

 La primera parada es Finca Decero, propiedad del suizo Thomas Shmidheiny, que destina toda su producción a la exportación. En su jardín suelen coincidir lechuzas y remolinos de viento, y por eso, uno de sus vinos se llama The owl and the dust devil. El enólogo Tomás Hughes explica que “realizamos la cosecha a mano, solo elaboramos vinos tintos single vineyard que pasan entre 14 y 20 meses por barricas”. Hughes nació en la provincia, pero completó su formación como enólogo en bodegas de Nueva Zelanda y Australia. Regresar a Mendoza, dice, “ha sido para mí el reflejo de quién soy y de lo que he aprendido en estos años sobre el inextricable vínculo entre la tierra y el vino.  Entendiendo las complejidades tanto de los suelos como del clima de esta zona de altura, y así crear vinos auténticos que son la expresión de este terroir único”, subraya.


Atardecer sobre Rosell Boher Lodge.

 

Bodegas y hospedaje

Las opciones de hospedaje en la zona se han multiplicado en los últimos años. Incluyen el Rosell Boher Lodge, ganador del premio regional en la categoría Architecture and Landscape 2019 otorgado por Great Wine Capitals. Rosell Boher elabora uno de los mejores espumantes argentinos, pero su presidente Matías Torres García, recién empezó a construir el hotel hace cuatro años, cuando su padre le pasó la antorcha del negocio. 

Al sur, en el Valle de Uco, la tradicional Bodegas Bianchi abrió su más nueva sede, “Enzo Bianchi”, nombrada en honor a su fundador. Bianchi, que mantiene su casa histórica desde 1928 en la ciudad de San Rafael, es una de las pocas bodegas que sigue en manos de sus dueños originales. 

También en Valle de Uco está la bodega Monteviejo, de dueños franceses. El edificio está flanqueado por vides en el frente que llegan hasta el techo. Su director y enólogo principal, Marcelo Pelleriti, se ocupa de los vinos mientras que su mujer, Gabriela Nafissi, del arte. Además, ella y la chef Nadia Haron, organizan experiencias integrales.


Vista desde una habitación en Rosell Boher.

La arquitectura de bodegas es en sí misma un atractivo en Mendoza. El estudio Bórmida & Yansón, responsable de la remodelación de Monteviejo, también diseñó Alpasión. Nació como una casa que reuniría al menos una vez al año a un grupo de amigos amantes del vino dispersos por el mundo y hoy funciona como un hotel de lujo con seis habitaciones. Le siguieron 60 hectáreas de viñedos a 1.200 metros de altura, la elaboración de vinos y un restaurante recientemente inaugurado.

Otras bodegas, tradicionales y nuevas incluyen a Ruca Malen, Luigi Bosca, Salentein, Andeluna Cellars, La Rural (que además es un museo del vino), López, Terraza de Los Andes, Achaval Ferrer, Benegas, Caelum y Catena Zapata. 

En Casa Petrini, que inauguró restaurante el año pasado, la historia y la novedad se conjugan.  Los indígenas de la zona decían que el lugar estaba embrujado y las brújulas parecían darles la razón porque se volvían locas, motivo por el que nadie nunca se había atrevido a plantar. Hasta que la familia Petrini realizó un estudio del suelo y advirtió la presencia de rocas volcánicas, muchas imantadas, que otorgan a sus vinos características únicas, con altos puntajes en las guías especializadas. El joven enólogo Ariel Angelini sonríe sentado en la galería del restaurante Enrico, frente al lago. “De las 45 hectáreas, solamente 20 están plantadas; todo aquí es una promesa”.

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