El Tercer Acto de Rita Moreno

A sus 87 años, vuelve a West Side Story y triunfa en television.

PALABRAS Leila Cobo
marzo 2019
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Fotos: Amanda Friedman

La edición de la revista Life de marzo 1, 1954, tenía en la portada a una joven hermosa, de piel y ojos oscuros, mirando pícaramente a la cámara por encima de un hombro desnudo. Era la puertorriqueña Rita Moreno, una poco conocida actriz de sólo 22 años de edad. 

Sesenta y cinco años después, Rita Moreno aún luce fabulosa. Su pelo corto está salpicado de blanco, pero su cuerpo sigue esbelto, su voz firme y fuerte, sus opiniones claras, su porte majestuoso, su energía imparable. 

“Necesito unos aretes más grandes”, dice pensativa, tras mirarse por unos minutos en el espejo durante una sesión de fotografía en un hotel en Los Ángeles. “Y me hace falta una bufanda”, agrega, llevándose las manos al cuello. “Ok. Ahora estoy feliz”, dice satisfecha. “¿Puedo ver las fotos?”, pregunta cuando termina. “¡Oh, son maravillosas! Esta última es fabulosa. ¡Muy coqueta!”, dice, puntualizando su comentario con aquella sonrisa memorable. 

A sus 87 años de edad, Moreno es una de solo 15 EGOTs en el mundo –ganadores de premios Emmy, Grammy, Oscar (por su inolvidable rol como Anita en West Side Story) y Tony– pero su carrera artística está lejos del ocaso.  

"Siempre pensé, algún  día se van a dar cuenta que tengo talento y no tendré que ponerme vestidos descotados  y hacer estos papeles”.

En 2013, escribió su autobiografía, Rita Moreno, donde describe una niñez de ensueño en Puerto Rico, su llegada a Estados Unidos a los cinco años, sus romances con Elvis Presley y Marlon Brando y su lucha eterna por romper con estereotipos étnicos donde la encasillaron por décadas. 

Ahora, una octogenaria que parece muchos años menor, Moreno vive un extraordinario  tercer acto.  Hace el papel de la irreverente abuela Lydia en la nueva versión de One Day At A Time, la serie de Netflix creada por Norman Lear y que está en su segunda temporada. Y en junio, empieza a filmar la nueva versión de West Side Storydirigida por Steven Spielberg, quien creó el nuevo personaje de Valentina específicamente para Moreno.

HABLANDO CON RITA 

NEXOS: ¡Una nueva versión de West Side Story!  ¿Cuáles son los retos? 

RITA MORENO: ¿Puedes creerlo? ¡Estoy atónita! Ni sé cómo describirlo. Steven Spielberg, uno de mis directores favoritos, y el libretista Tony Kushner que es extraordinario, están haciendo un gran esfuerzo. Están tratando de eliminar algunas de las cosas que eran muy cliché o que ofendían a los latinos. Todos los Sharks son actores puertorriqueños, por ejemplo. 

 

N: ¿Qué te molestaba del original? 

RM: El verso original de “America” era: “Puerto Rico, isla fea/isla de enfermedades tropicales”. Fui a la audición, me dan el papel, estoy feliz, y luego pienso en esas palabras y me digo: “No puedo cantar eso. ¡Es irresponsable!”. 

Y gracias a Dios Stephen Sondheim cambió la letra y canté: “Puerto Rico, devoción de mi corazón/que se hunda en el mar”.  Y eso está bien porque es la opinión personal de Anita. Hay muchas personas que no entienden eso, que les molesta. Pero es algo que tienes que permitir, como puertorriqueño o como actor. El personaje de Anita no quiere volver a Puerto Rico, porque ama América. 

 

N: Las sensibilidades han cambiado mucho. En The Ritz, haces el papel de Googie Gomez, una cabaretera puertorriqueña muy exagerada. Te ganaste el Tony por la versión teatral, pero me pregunto si hoy te criticarían por ese papel. 

RM: Yo estaba haciendo algo que veía en televisión todo el tiempo.  Googie Gomez está basada en muchas de las artistas cubanas y puertorriqueñas que vi de niña, y todas eran terriblemente dramáticas. Lo delicioso de esto es que mi mamá se sentaba a mirar conmigo y me decía, “¿No es maravillosa?’ Le encantaba todo eso. ¿Te acuerdas de Iris Chacón? Cuando me llegó el papel de Googie Gomez pensé “¡Dios mío aquí están todas estas mujeres que me mataban de la risa!”. 

 

N: One Day At A Time es un show tan divertido…

RM: ¿No es maravilloso? Y esa es mi mama, ¿sabes? El acento es de ella. Mi mamá era muy poco sofisticada. No tuvo educación. Fue una mujer extraordinaria en el sentido que, después de divorciarse de mi papá, yo tenía unos cuatro años, me dejó [en Puerto Rico] con él y mis abuelos y se montó en un barco rumbo a Nueva York sin hablar inglés pero con una habilidad: sabía coser. Se quedó con mi tía Titi en el Bronx, y consiguió un trabajó en una fábrica para coser. Su intención era traer a su hija de regreso cuando tuviera suficiente dinero. 

 

N: ¿Aprendió inglés?  

RM: Aprendió inglés. No el mejor inglés del mundo, pero lo aprendió. Y regresó a Puerto Rico por mí. Trabajó muy duro para pagar mis clases de baile; bailé flamenco con Paco Cancino, el tío de Rita Hayworth. Era así de alto [Moreno mide una altura diminuta con su mano] y era feroz. Pero pensaba que yo tenía mucho talento y me enseñaba una sevi­llana, una jota, una samba en tres o cuatro clases, para ahorrarnos dinero. Hice mi debut en un pequeño club español en Greenwich Village. Yo tenia unos seis años y él era mi pareja.

COQUETA Y VANIDOSA 

N: Has dicho que como condición para aceptar el papel de Lydia en One Day At A Time, tenía que ser un personaje “sexual”. ¿Qué quisiste decir?

RM: Le dije a Norman [Lear], “el hecho que Lydia tenga 70 y pico no quiere decir que no sea sexual”. Y les encantó. No lo habían pensando antes, pero yo quería que fuera coqueta, ese tipo de cuestión. Obviamente, ellos lo llevaron a otro nivel, con exageración, pero eso lo hace cómico. La amo porque tiene tantos defectos. Es vanidosa. Piensa que es la persona más inteligente del mundo, y ¡para nada! Opina sobre todo y no tiene siempre la razón. Es divertido hacer personajes que no tienen sentido del humor. 

 

N: Es una visión distinta de las personas mayores. Jane Fonda habla del “tercer acto” de su vida, por ejemplo…

RM: Así lo llamo yo. Este es mi tercer acto.  También he aprendido a decir no. En mi era las mujeres no decían no, a casi nada, porque no era nice; no era femenino. Ha cambiado tanto en ese respecto. 

 

N: ¿Qué es lo más increíble que has hecho en tu tercer acto?

RM: Ciertamente no pensé que volvería a hacer West Side Story. Es loco. Tampoco pensé que iba a cumplir 80 años y cumplí 87 en diciembre. 

 

N: ¿Y celebraste con una gran fiesta en tu casa?

RM: Siempre lo hago. Y siempre es una fiesta de disfraces. Siempre hay un tema. Esta vez fue Cuba. El año pasado fue España y siempre viene algún bailarín profesional. Siempre me piden que baile también, aunque en realidad ya no lo llamo bailar sino “moverse”. 

 

N: ¿Dirías que tu trabajo contribuye a tu salud mental y física?

RM: Oh, sí. Cuando empecé a hacer One Day At A Timeestaba nerviosa, porque cada episodio es un libreto de media hora. Me estaba empezando a olvidar ciertas palabras –los sustantivos y yo nos habíamos convertido en enemigos. Y sencillamente, lo haces. Tomó un poco de tiempo, pero todo regresó. Y como no se filma en vivo, aunque sí es frente a un auditorio en vivo, puedes repetir escenas si te equivocas. A todos nos pasa. Lo mas miedoso de todo es que el libreto se escribe a veces al instante. 

 

N: ¿Piden tu opinión?

RM: Claro, y no solo porque soy una persona opinionada, sino porque tengo experiencia. He trabajado mucho. Además, tengo que ser muy cuidadosa con el personaje de Lydia para que no esté lleno de clichés. Ha pasado un par de veces donde digo, “Yo no creo que Lydia diría esto”. 

OCHO AÑOS DE SICOTERAPIA

N: Los latinos estamos de moda, pero la verdad es que fuimos invisibles en Estados Unidos por mucho tiempo, ¿no crees?

RM: Si. Todavía estamos muy sub representados, particularmente en el cine. Yo vengo de una era donde solo me daban roles de “Conchita” “Lolita”… Siempre pensé, algún día se van a dar cuenta que tengo talento y no tendré que ponerme vestidos descotados y hacer estos papeles. Era muy deprimente, muy denigrante y muy triste. Lo que pasaba mucho, especialmente cuando era muy joven, es que terminaba un trabajo y después no me ofrecían nada por meses. Lo único que me ofrecían eran esos papeles. Eso fue lo que finalmente me mandó a sicoterapia. Lo que sucede es que empiezas a creer que el problema eres tú; que quizás no tienes valor. 

 

N: ¿Cómo superaste eso? 

RM: Me tomó ocho años de sicoterapia. Y después me gané el Oscar y el Golden Globe, y sabes que no hice cine por casi siete años, porque las pocas cosas que me ofrecían eran lo mismo, una y otra vez. Nada quiebra mi espíritu, pero estuve cerca. 

 

N: Hablas inglés sin acento. Y también tienes un look muy universal; podrías hacer roles representando personajes de muchas partes del mundo...

RM: No en Hollywood. Hasta ahora solo me han ofrecido papeles como latina. No es cuestión de acento sino de nombre. Si me hubiera llamado Mary Simons quizás hubiese sido distinto. 

 

N: ¿Sientes que hay un cambio ahora? 

RM: Veo un cambio, pero es lento. Creo que como comunidad, tenemos que aprender de la comunidad afroamericana. Ellos lo lograron. A nosotros aún nos falta hacer películas significantes. Quizás es porque venimos de países diferentes. Los americanos de este país piensan que si eres hispano, eres hispano, pero no es así. Eres mexicano o puertorriqueño, o español o argentino. Esa es la diferencia. 

 

N: Hay una nueva y brillante generación de actrices Latinas ahora. ¿Hay alguna en particular que te guste?

RM: Creo que Gina Rodríguez va a ser muy importante. Me encanta ella, su persona. Entre los hombres adoro a Benicio del Toro. Es fabuloso. Es buenmozo y sexy y lo adoro.

 

N: ¿Cómo describirías tu estilo de vestir?

RM: Me encantan las piezas separadas. Todo empezó porque no podía comprarme vestidos caros. Y me di cuenta que una chaqueta sirve para muchos eventos. Hasta el día de hoy, todavía voy a mi closet cuando tengo eventos. Jamás he pedido prestado un vestido de algún diseñador. 

 

N: Tienes una hija, Fernanda. ¿Cómo cambió tu carrera cuando la tuviste? 

RM: Todavía es uno de los momentos más felices de mi vida. Es mi alma. Y mis nenes, mis nietos, son mis favoritos de luz. 

 

N:¿Alguna vez pensaste que en este momento de tu vida estarías hacienda tanto? 

RM: Mi vida es increíble. Es una lástima que mi esposo no está vivo para ver todas estas cosas maravillosas. Me da tristeza. Siempre pienso, “Dios mío, si Lenny pudiera ver esto”. Cuando me dieron el Kennedy Center Award. ¡Qué honor! Se hubiera muerto del orgullo. Me despierto cantando en las mañanas. Soy tan feliz. Soy una persona muy, muy feliz.

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