Colombia Es Para Ciclistas

El país es un paraíso para explorer en dos ruedas.

PALABRAS Jen Rose Smith
abril 2019
COMPARTIR

Después de horas de pedalear montaña arriba y abajo por las carreteras del departamento de Boyacá en Colombia, estaba a punto de desplomarme. Las montañas de los Andes son tan escabrosas como hermosas. Pero al entrar en la ciudad de Tunja, lista para descansar en una buena cama, mi compañero de paseo y yo escuchamos un grito de aliento: “¡Ey, Quintana!”.

Esta región es el hogar del ciclista colombiano Nairo Quintana, ganador de la Vuelta a España y dos veces subcampeón del Tour de France. Esas carreteras que nos dieron tanto trabajo son las mismas que convirtieron a Quintana en uno de los mejores escaladores del mundo. Ahora, cerca de su pueblo natal de Combitá, escuchamos su nombre en cafeterías al lado del camino, veíamos su cara sonriente en vallas, y comimos junto a pancartas de sus grandes carreras. Habíamos volado a Colombia a explorar los rincones de los Andes, y nos encontramos con un país enamorado de las bicicletas.

EN CADA CURVA, UNA NUEVA VISTA

Para venir aquí, empacamos nuestras bien-usadas bicicletas en cajas para el viaje a Bogotá. Metimos todos lo que necesitábamos en bolsas a prueba de agua que colgamos de los marcos de las bicicletas; e íbamos cargados de carpas, sleeping bags y ropa. Nuestro equipaje nos serviría para noches frías a más de 4.000 metros de altura, y para días calurosos y soleados en el Valle del Cauca.

No somos los únicos. El turismo en bicicleta por Colombia sigue creciendo, según Anisha Ghoghari, CEO y fundadora de la compañía de ciclismo “Equipo”. Ghoghari vislumbró el potencial para el turismo internacional en bicicleta tras vivir en Cali y Medellín y desde hace seis años “importa” ciclistas a Colombia. “Es un destino emergente con mucha cultura, y es seguro”, dice. “Tenemos muchos clientes que comentan: Nunca he estado en Colombia, pero he escuchado de Nairo Quintana y quiero conocer el país”.

Mientras pedaleamos hacia el norte desde Bogotá, cada curva revela una nueva vista. En los altos páramos, donde nuestras chaquetas impermeables nos protegen contra el frío y el viento, vemos enormes plantas de frailejones mientras comemos bocadillo de guayaba y chorizo. Miles de metros más abajo, pedaleamos por densos túneles de vegetación en medio de un calor que calmamos con frío jugo de lulo. 

EL CICLISMO ES INSPIRADOR

Es un país empinado y orgulloso que ha servido como un campo natural de entrenamiento para generaciones de ciclistas. Cada año, los mejores compiten en junio en la Vuelta a Colombia, una carrera de múltiples etapas que une a los diversos departamentos en un notable acontecimiento que ha unido al país hasta en sus peores momentos.

La primera fue en 1951, cuando Colombia vivía el conflicto político conocido como “La Violencia”. Pero eso no desanimó ni a ciclistas ni fanáticos. “Llegaron miles y miles de personas, y capture la imaginación del país de manera increíble”, dice Matt Rendell, guía de tours de ciclismo por Colombia y autor de “Kings of the Mountains”, una historia del ciclismo colombiano.

Cuando Nairo Quintana competía en el Tour de France de 2018, viajaba con la colombiana Karina Vélez, quien daba apoyo en Comunicaciones al equipo de Telefónica Movistar. Ahí, entre los colombianos que viajaban lejos para celebrar el éxito de Quintana, vio dos hombres con rudos tatuajes y expresiones duras que sobresalían entre la multitud. 

Le explicaron que habían volado a Francia desde las selvas del Caquetá y ver en vivo y en directo al ciclista más grande de Colombia era un sueño para ellos. “Allá en 2014, lo escuchábamos en la selva. Escuchábamos por onda corta, que Nairo ganaba una etapa. Y nos prometimos que, si algún día salíamos del país, viajaríamos a Francia a verlo”. Vélez quedó profundamente emocionada con la historia: “Finalmente el ciclismo es de todos. Es inspirador”.

BIENVENIDOS EN CADA PUEBLO

Para nosotros, esa profunda conexión con el ciclismo significó una cálida bienvenida; cada vez que llegábamos a un pueblo, nos recibían con sonrisas y apretones de manos. Cuando nuestros paseos nos llevaban a los pequeños pueblos de Boyacá y Santander, dormíamos en casas de hospedaje o pequeños hoteles, y nos sentíamos agradecidos por la ducha caliente y la excelente comida. En comunidades más remotas, comprábamos lo básico en pequeñas tiendas y levantábamos carpas en parques, fincas o hasta canchas de fútbol. Cocinábamos con una pequeña estufa potable e inevitablemente recibíamos visitas; venían niños a saludar, los vecinos se detenían para hablar sobre ciclismo y los dueños de finca nos traían leche fresca.

Salíamos temprano y montábamos entre seis a ocho horas por día, parando a menudo a comer los almuerzos familiares (y generosos) que sirven en los pequeños cafés. Viajar en bicicleta es lento por naturaleza, y pasamos mucho tiempo en bosques, valles y caminos pequeños. Con su rica cultura rural y paisajes increíbles, Colombia es ideal para estas aventuras improvisadas. No hace falta una bicicleta para subir y bajar por las montañas, en un auto también se puede disfrutar, pero la aventura en dos ruedas es incomparable.

SER POSITIVO… Y SIGA SUBIENDO

A medio camino en nuestro viaje, fuimos al sur de Medellín hacia el verde terreno de Antioquia. Por dos semanas, subimos a la base de los volcanes del Parque Los Nevados, pedaleamos por los pueblos pintados de brillantes colores en el Eje Cafetero y disfrutamos las aguas termales de las montañas.

Pero primero, Alto de las Palmas, un ascenso continuo de casi 20 kms desde el centro de Medellín. Con nuestras pesadas bicicletas, la subida fue lenta, y otros ciclistas nos daban ánimo al pasar. A la mitad del camino, vimos una valla con un mensaje que parecía diseñado para ciclistas como yo: “Ser positivo”.

Ni siquiera es lo más difícil. Para la mayoría, la etapa más dura de la Vuelta a Colombia es un ascenso de un día entero –3.000 metros y 84 kms– hasta Alto de Letras. Aquellos que llegan a la cima son parte de un grupo élite de escaladores andinos con más de 70 años de tradición. Lo cual no quiere decir que los ciclistas colombianos están detenidos en el pasado, al contrario: hay una nueva camada de ciclistas, tanto hombres como mujeres, compitiendo alrededor del mundo.

“Hay muchos niños que sueñan con ser ciclistas en Colombia”, dice Karina Vélez, observando que Quintana es prueba viviente de lo que puede lograr un chico de una familia campesina rural. “El ejemplo es de persistencia, de nunca rendirse”.

Tal parece que el futuro es brillante para el ciclismo colombiano. “La generación actual es de atletas maravillosos”, dice Rendell. “Pero, es apenas el comienzo de lo que viene”.

Compartir

More related features

El Mundo de Maluma

En su finca cerca a Medellín, la verdadera esencia de la estrella colombiana.

Más Viajes

El Mundo De Magia De Universal Orlando Resort

Abrazo de Familia

Puerto Rico Se Levanta

La Frontera Bien Mezclada