El Mundo de Maluma

En su finca cerca a Medellín, la verdadera esencia de la estrella colombiana.

PALABRAS Alejandro Marín
julio 2019
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Fotos: Mateo Londoño

Antes de continuar la gira de 11:11, su más reciente álbum, Juan Luis Londoño, conocido por el mundo como Maluma, hace una parada obligatoria en su Medellín natal. La gira arrancó en México y seguirá a Europa y Estados Unidos, más de 60 fechas en total.  Hoy se detiene para recargar y tomar fuerzas. Está en su finca en Pontezuela, en las afueras de Medellín, donde se desconecta y se acerca a su familia, a su tierra y a su pasión más grande después de la música: los animales.

Son las cinco de la tarde y el sol empieza a ponerse. El clima es templado, casi frío, y contrasta con la sofocante tarde medellinense. La casa donde está reunida la familia de Maluma es modesta, de puertas rojas y cocina simple; huele a leña y a amor de madre.

Doña Marilli Arias saluda y sin titubeos, ofrece el banquete: hay hamburguesitas, morcilla, chicharrón. El recibimiento es amplio, generoso y cargado de cariño. Uno sabe de estas cosas, las percibe de inmediato: de cómo nos han criado entre estas montañas de ensueño, del esfuerzo que ha tomado, del orgullo que producen las cosas que se consiguen con trabajo y con empeño.

A unos minutos caminando, en el establo, Maluma ha acabado su sesión de fotos y está sentado en una banca larga de madera. Ha terminado de tomarse una cerveza y pide otra, mientras le ponen una bandeja de chicharrones a la que acuden Yoga, una gran danesa color azabache que le llega a uno a la cintura, y Cejas, recién adoptado, con dos punticos amarillos encima de los ojos negros. Maluma está vestido con uno de esos ponchos que uno no puede evitar preguntarse cuánto cuesta y quién lo diseñó; debajo lleva camisa, jeans y botas. Saluda con un abrazo, como los buenos paisas, con las manos grandes, una de ellas tatuada con la fecha en que agotó por primera vez el Madison Square Garden: 25 de marzo de 2018. Al igual que su mamá, pero con la voz gruesa, repite una palabra que resume, con el acento arrastrado de esta tierra, el espíritu de Antioquia: “Bienvenido”.

Un Terreno Especial

Hay una belleza en Maluma que –como dice su hermana Manuela– va más allá de lo físico, de la barba bien cuidada, de las facciones perfectas, de la sensualidad rebosante; un carisma forjado a pulso, trabajado con di­­sciplina. Maluma está viendo a Germán, el hombre que monta sus caballos, darle una vuelta al recién llegado, Zeus. “Me gusta ver a Germancho montar a mis caballos”, dice. “Me da una idea de cómo evolucionan. Me gusta montarlos, pero me gusta más tener dos perspectivas distintas. Puedo ver si sí lo ha trabajado bien durante la semana.”

Juan Luis lleva toda una vida de amor por los caballos. “Desde que nací, pero no había con qué comprarlos”, dice entre risas. Su abuelo siempre ha sido muy caballista. Tiene caballos portugueses, colombianos, de trocha, “galoperos”, de salto y “trotones”. Su gran amor es Hércules, un frisón holandés que tiene su propia página web y es, al igual que Juan Luis, toda una estrella en Instagram: 52.000 seguidores. Un campeón.

Mas allá de los caballos, hay 70 ovejos que “se reproducen y se reproducen”, y al parecer, todos aclaman la presencia de su dueño, al igual que la gente, los perros, los caballos, los ovejos y los mini horses.Tiene este “parche” hace casi tres años. “La compré por una cuestión energética; porque puedo ver las montañas, puedo ver a Medellín; no me gustan los sitios encerrados. Venir aquí me da mucha libertad. Si tengo dos días en Medellín, uno me tengo que venir para acá, con mis amigos, con mi familia, con mis abuelos. Mi abuelo es mi periodista número 1 y me manda fotos, videos. Para mí es el gozo de ver a mi familia, y he trabajado muy duro por esto”.

Maluma emplea alrededor de 15 personas en su finca. A los paisas y cafeteros se nos enseña, desde niños, que un pedacito de tierra y unos cuantos animales completan la existencia; lo que no nos dicen es lo complejo que es administrarlos. “Vea, Rey, yo le voy a decir una cosa: cuando uno tiene una finca, tiene en sus manos la vida de animales. Y eso genera estrés. Además de los gastos. Es costoso mantener una finca, pero tenemos diferentes actividades que hacen que se pague sola […] Esta la veo como una unidad de negocios y que disfruto mucho también por el lado de mi familia”.

Y sin duda es un gran hombre de negocios. Ambicioso “pero en el buen sentido”, replica, repitiendo aquella frase de Jay Z: “I’m not a businessman, I’m a BUSINESS, MAN”. Su ambición está fundamentada en la esencia de esta nueva generación de músicos de Medellín, la evolución de una clase media azotada por el narcotráfico en los noventa. Con la pujanza del arriero, han pintado el sonido de la música mundial con determinación.

Ética Del Deporte

El aparente vertiginoso ascenso de Maluma a la cúspide del pop opaca una década de trabajo, de tocar gratis, de tocar puertas sin conseguir abrirlas. Un caballo como Zeus, o Apolo, abandonados en una finca en Cartagena, hacen parte de esa visión de negocios. “Estaban tirados en un potrero. Tenían laceraciones en la piel, el dueño ya no los quería. Decidimos comprarlos y ahora son caballos de primer nivel”. 

Para Maluma los caballos son maestros e insiste durante la entrevista en que la nobleza hace parte de las enseñanzas que se pueden obtener de estar cerca a uno de ellos. Junto a eso, la disciplina que le dio el fútbol. Pudo haber sido Selección y uno pensaría que el fútbol es una pasión más grande que la música. “No”, dice, y se pone serio con la referencia. “Tampoco, pues”.

Aún así, ha transferido la ética del deporte a su vida personal. Se levanta temprano y aprovecha la mañana para tener tiempo para él: para meditar, para ir al gimnasio, para aprovechar el tiempo en Medellín al máximo. Maluma podría vivir en Miami, en París o en Los Ángeles, pero “Medellín es una chimba. Me gusta Los Ángeles, pero me cansa la celebridad, el afán de fama”. Es irónico que la fama lo acongoje de esa manera, pero lógico también. En ocasiones, ha cerrado su cuenta de Instagram de más de 43 millones de seguidores. “A veces uno no quiere subir una foto, ni mostrar dónde está. Pero a mí me encanta también contar mis historias e inspirar”. 

También lo apasiona la moda. “Me gustaría explorar nuevas líneas de ropa. Quiero un partner que sea poderoso y que crea en mí”, dice. Al preguntarle quién, contesta con velocidad y ganas: “Yves St. Laurent”.

  Cuando esta conversación se publique, habrá visitado las pasarelas de las semanas de la moda en París y en Milán, cumpliendo compromisos con Balmain, DSquared2, Versace. Se tomará fotos con J Balvin y Swae Lee y se codeará con la socialité Gigi Hadid.  “Estás en tu período azul”, le escribirá en su Instagram Madonna, quien lo invitó a grabar “Medellín”, para su nuevo álbum.

Flores Para Madonna

Le comento que cuando Madonna publicó Erotica en 1993, una de las fotos más provocadoras del disco era un negativo de la rubia reina del pop chupándole el dedo gordo del pie a un hombre. En el video de “Medellín”, le hace lo mismo a Maluma.

“¿Qué le vamos a hacer? Esos gustos no cambian”, se ríe.  “[Madonna] es así. Es la reina del pop. Es la mamá de los pollos”.

La colaboración se dio a través de Walter Kolm, mánager de Maluma y amigo personal del mánager de Madonna, quien abordó con astucia una oportunidad para conocer a la reina durante los premios MTV VMAs.

“Madonna te quiere conocer”, le dijeron a Maluma. Se rió pero en minutos estaba sentado junto a ella. Él y su manager le enviaron flores,  y una semana después Madonna le escribe a su WhatsApp: “Yo. Madonna. Quiero hacer una canción contigo que se llame ‘Medellín’”. Grabaron en Londres. La conexión en el estudio fue inmediata. El sol se ha puesto. Las ovejas han dejado de bramar. Hércules, el predilecto de Juan Luis Londoño, hace su entrada. Es un caballo hermoso, pero su actitud es distinta. Sabe que es superior, pero se siente igual a los otros. Cuando pausa al lado de Maluma, lo mira con amor y con orgullo, y la conexión es clara. Juan Luis lo monta y salen juntos, dos ganadores, dos luchadores, dos campeones.

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