En Las Entrañas del Carnaval

La fiesta más grande del mundo, vista por los ojos de Portela.

PALABRAS Silvina Pini
noviembre 2019
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Getty Images

Yurii Souzah tiene su propia peluquería en el barrio de Vila da Penha en el norte de Río de Janeiro. Camylla Nascimento trabaja en el Instituto Nacional de Câncer (INCA). No están casados, pero ambos bromean que pasan más tiempo juntos que si fueran marido y mujer.

Eso es porque todos los miércoles, viernes y domingos, los dos pasan horas ensayando pasos de baile en las instalaciones de la tradicional escola de samba Portela, fundada en 1923, una de las más importantes que participan en los desfiles del Carnaval de Río.

Él es un amante del baile que ha logrado posicionarse como Mestre-Sala, una especie de director de salón. Ella viene de una larga tradición de portelenses. Su bisabuelo y abuelo tuvieron puestos destacados en la Escola, o escuela, pero ella ha conquistado a pulso su propio espacio como la Porta-Bandeira, la que lleva la bandera de su escuela. Como dupla, ocuparán un lugar importante en el desfile, bailando con pasos precisamente coreografiados y con la misión de que la bandera azul y blanca que identifica a Portela flamee mientras giran y bailan.

Souzah, de 25 años, y Nascimento, de 30, desfilarán por 90 minutos el domingo 23 de febrero y otros 90 minutos el sábado siguiente si están entre los primeros seis clasificados del  desfile. Pero la preparación para este momento es cuestión de todo el año, como pude observar durante una visita a la Cidade do Samba de Río de Janeiro, ese corazón oculto de la ciudad que bombea todo el año sueños que se volverán carrozas, ornamentos y trajes llenos de brillo y color. Allí, en enormes barracas, cerca del puerto, las escolas de samba más importantes trabajan sin pausa para “la fiesta más grande del mundo”: el Carnaval.


Yurii Souzah y Camylla Nascimento, Mestre-Sala y Porta-Bandeira de Portela. / Fotografía Mario Cherrutti

Es un acontecimiento que se toma la ciudad por completo, y en cada barrio se dan cita los blocos (comparsas), más o menos improvisados, que reúnen percusionistas y entusiastas.

Pero, el gran despliegue se produce en el Sambódromo, donde las escolas de samba ofrecen un espectáculo maravilloso que se transmite a 144 países.  A lo largo de 550 metros, con tribunas a ambos lados que albergan a 75.000 personas, cada escola desfila por 90 minutos, entre las 10 de la noche hasta casi las 7 de la mañana. El viernes 21 y sábado 22 de febrero desfilarán las catorce escolas del Grupo de Acceso y el domingo y el lunes, las catorce del llamado Grupo Especial (entre ellas Portela). El jurado elegirá las seis mejores que volverán a desfilar el sábado 29.

Entre todas las escolas, Portela, la más antigua de todas, siempre se mantuvo dentro del Grupo Especial y obtuvo el primer puesto en 22 oportunidades. Comenzó hace 96 años, en el barrio de Madureira, como “bloco de Santa Cruz”. Allí conserva la sede donde ensayan los 300 percusionistas y más de 2.000 passistas (quienes desfilan en alas junto a las carrozas).

Portela ocupa la barraca seis en la inmensa Cidade do Samba, que comparte con las otras 13 escolas del Grupo Especial. Allí construyen los seis carros alegóricos y confeccionan más de 3.000 trajes. También reciben a los visitantes todos los sábados a las 10 y comparten con ellos una feijoada (plato tradicional). Ahí nos encontramos con Souzah y Nascimento y también con el prestigioso coreógrafo Carlinhos de Jesus, el director de percusión Nilo Sérgio, la Reina de Batería Bianca Monteiro (quien desfila sola delante de la banda de percusión) y la magnética passista Jackeline Moisés.

El  coreógrafo Carlinhos de Jesus. / Cortesía Riotur

Con Licencia Poética

Entrar en la barraca de Portela es sumergirse en un mundo de fantasía donde conviven figurines de años anteriores, estructuras de carrozas, esculturas a medio hacer, sombreros, plumas, antifaces, ornamentos y una energía desbordante. “No tenía 10 años cuando me escapaba de la escuela para ir a sambar a Madurerira”, recuerda De Jesús, de 66 años. “El brasileño nace con la danza en el cuerpo, solo hace falta despertarla”.  De Jesús tiene a su cargo la “comissão de frente” (comisión de frente) un grupo de 15 bailarines que abre el desfile. Su papel es clave, no solo en el próximo Carnaval, sino en la historia reciente. Hasta los años 90, los passistas de la comisión de frente, avanzaban por la pista con paso sencillo. Fue De Jesus quien, con una coreografía, lo transformó en un espectáculo en sí mismo. “Huyo de lo obvio,” dice. “Trabajo con bailarines y actores y busco la sorpresa, la licencia poética que esté de acuerdo con el carnavalesco. El año pasado, por ejemplo, hubo un Moisés que levitó. Todos sabemos por la Biblia que Moisés no levitó, pero esa carnavalización de la historia es lo que quiero aportar”.

El carnavalesco es el director artístico, quien diseña los trajes y vela porque cada aspecto del desfile represente el tema del año, que para 2020 serán los indígenas del estado de Rio de Janeiro, los tupinambás. Guajupiá, Terra sem males, es el título elegido. La locomotora de este tren creativo es la composición musical, el samba, que se elige a partir de un concurso con varias etapas que comienza en mayo y terminan en octubre.

Cuando todas las escolas de samba ya tienen su samba, graban un CD y lo lanzan al mercado de manera que en febrero, quienes asisten al Sambódromo ya conozcan las canciones y puedan sumarse al coro de su escola preferida.


Una Porta-Bandeira. / Fotografía Mario Cherrutti

En junio, comienzan a dibujarse 300 croquis de los trajes que llevará cada comparsa. En julio se largan los prototipos y definen los materiales, intentando siempre reciclar al máximo lo de años anteriores. En la visita a la barraca pueden verse sobre las mesas, las carpetas con cada croquis en la portada y adentro una muestra de las telas, botones y apliques, en una tarea minuciosa y detallada.

Vânia, jefa de costura, mira los croquis y les da una palmada como si tuvieran vida. “Cuántas horas, cuántas manos, cuántos cortes de tijera se han llevado y cuánta satisfacción nos devolvieron”, dice. Entre agosto y octubre, en una sala cerrada, se confeccionan bajo el mayor de los secretos 3.500 trajes, de los cuales un 90% va a los passistas y un 10% se vende a los turistas que quieran participar del desfile. Vânia nos deja pasar al salón, donde se escucha el murmullo de las máquinas de coser a todo vapor, con una advertencia de “Nada de fotos, por favor”, pues los disfraces solamente se revelan en la inauguración.

El Toque Internacional

No todo es siempre tan casero. A veces invitan a un diseñador famoso para que realice algunos de los trajes junto con el carnavalesco. El año pasado, por ejemplo, Jean Paul Gaultier diseñó para Portela cuatro trajes en azul y blanco para un carro en el que desfilaron celebridades de la moda como Camila Coutinho y los modelos Lais Ribeiro, Jhona Burjack y Caroline Trentini, invitados especialmente por el francés.

En la barraca están exhibidos los dibujos a mano alzada del mismo Gaultier y sus cuatro figurines imponentes. También hay varios de los usados en el último año que están a disposición de los visitantes, y sin dudarlo todos nos zambullimos como niños a calzar faldas con armazón, cascos con plumas de avestruz y pecheras de guerrero.


Los percusionistas son fundamentales en el desfile. / Cortesía Riotur

La batucada suena por los parlantes y De Jesus, Monteiro, y Jaqueline, nos enseñan los pasos básicos de samba. “¿Qué hace falta para bailar samba?”, pregunto a De Jesus. Él se palmea la vena interna del brazo, pero después me alienta. “No es tan difícil. Empieza lento, uno, dos, tres, uno, dos, tres, y vas aumentando el ritmo”. A mi lado Monteiro corrige los brazos a una alemana, “down, down”, le dice sin dejar de sonreír ni sacudir las caderas de forma sobrenatural. Junto a nosotros, Souzah y Nascimento, siempre con la bandera en alto, ensayan su dúo en blanco y azul que debe cumplir estrictas reglas que evaluarán los jurados en su paso por la pista: jamás podrán darse la espalda y la bandera no deberá tocar el cuerpo de ella ni arrugarse ni por un segundo.

Quien no baila pero sigue los movimientos de los improvisados bailarines es Sérgio, director de los 300 percusionistas. Para él todo se traduce a los ritmos que tocan la decena de instrumentos de percusión que acompañarán al cantante: surdos, repiques, agogó, caixas, cuicas, tamborim, pandeiros, rocar, apitos, ganzás y timbales. Algunos, como los timbales, nos resultan familiares, así como variantes de tambores (surdo, el de mayor tamaño); tamborim, caixas, similar a un redoblante; y el pandeiro, similar a la pandereta. Hay otros de origen afrobrasileño como el agogó, dos o tres campanas de hierro que se golpean; la cuica que es un tambor hueco con varilla interna que se frota desde adentro; el ganzá, hecho originalmente de pajas trenzadas con semillas secas en su interior y que hoy se realiza de metal con bolillas también de metal para producir un vo­lumen mayor. “Soy porte­lense desde los 12 años,” dice Sérgio, Director de batería desde 1989. “Lo más difícil no es hacer sonar bien la batucada, sino reunir los 300 instrumentistas”.


Los seis carros reservan lugares especiales o “destaques”. / Cortesía Riotur

Todos Bailan

En noviembre se comienzan a construir los seis carros alegóricos con sus ornamentos y esculturas que pueden alcanzar los 13 metros de altura y los 60 de largo. Los artesanos tallan formas que más tarde se pasarán al yeso, cartapesta y poli­estireno. Las últimas semanas son de tal frenesí que 60 personas trabajan las 24 horas del día, en tres turnos diferentes. “Cada año nos pasa lo mismo,” dice Fabiana Amorim, encargada del departamento comercial. “Creemos que no llegamos y prácticamente vivimos en la barraca, pero siempre lo logramos”.

Y mientras la fábrica de sueños avanza con su ejército de costureras y artesanos en la  Cidade do Samba, los ensayos tienen lugar en la cuadra, en el corazón de Madureira. Y porque una de las virtudes del samba es no distinguir mejores de peores, bailan uno junto al otro morenas esculturales y ancianos de la vieja guardia con varias décadas de carnavales. Todos bailan y cantan con los co­lores de su bandera.  En palabras de De Jesus, “En cada paso, recorremos diversos caminos, en cada giro, viajamos por el mundo, en cada mirada transmitimos deseos, en cada toque de batucada multiplicamos sensaciones, en cada pausa transcendemos una emoción y en cada danza, soñamos con los pies en el suelo”.

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