Eiza González: De Tragedia a Triunfo

La versátil actriz Mexicana brilla en dos grandes producciones.

PALABRAS Verónica Villafañe
febrero 2020
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Fotos por Mike Rosenthal

Es un día hermoso y cálido y el resplandor del sol de la tarde se refleja en un tinte dorado sobre  las olas de la playa de Santa Mónica, California. “Me encanta el mar. Me encanta el agua. El agua es algo que me define mucho como persona... tal vez, porque soy acuariana”, dice con un suspiro la actriz mexicana Eiza González, mientras mira por la ventana de la suite del lujoso hotel Casa del Mar. “Es una de las cosas que más me gusta de vivir en Los Ángeles”. 

González ha pasado la tarde posando para una sesión fotográfica con Nexos y tras múltiples cambios de vestuarios, finalmente tiene un respiro. Ahora viste unos jeans y una camiseta con la imagen del cantante Jim Morrison de la banda The Doors. Nada que ver con la ropa de diseñador que llevaba minutos antes.

“En mi día a día soy como una niña”, explica con una sonrisa. “Soy muy jeans y t-shirt. A veces salgo de la cama, me pongo lo que encuentro y me voy a la calle, despeinada y sin maquillaje. Soy una tomboy”.

A juzgar por sus películas, la joven mexicana, de 30 años, es muchas cosas. En Baby Driver (2017), es una ladrona de autos –la única mujer en una pandilla de hombres–, un papel que marcó un antes y un después en su ca­­rrera. En la producción independiente Paradise Hills (2019), es Amarna, una cantante pop atrapada en una isla futurista para mujeres. Y 2020 lo recibe con papeles en dos grandes producciones: Bloodshot, junto a Vin Diesel, y Godzilla vs. Kong, en el papel de una empresaria con un toque de comedia.

“Es un año de un balance perfecto: películas grandes y también tres películas indepen­dientes que demuestran una parte de mí completamente distinta”, dice. “Es importante que me vean como una actriz que puede hacer de todo. Me he enfocado en encontrar personajes que me sacan del estereotipo de ser una bombshell, sexy, en el que me tienen la mayoría del tiempo”.

En persona, González es igual de imponente que en la pantalla. Alta. Atlética. El tipo de mujer que todos voltean a mirar. Al hablar, frecuentemente salpica su español con palabras en inglés. Cuando aterrizó en Los Ángeles en 2013, ya era completamente bilingüe, y en pocos meses consiguió su primer rol en inglés como Santanico Pandemonium en la serie de TV From Dusk till Dawn, de Robert Rodríguez. Pero fue su debut cinematográfico en la inesperadamente exitosa película de acción Baby Driver que le dio mayor visibilidad y abrió las puertas a mayores oportunidades.

El año pasado, volvió a colaborar con Rodríguez en Alita: Battle Angel, como una cíborg asesina, y trabajó junto a junto a Dwayne “The Rock” Johnson y Jason Statham como Madam M en Hobbs & Shaw, un spin-off de la serie de películas The Fast and the Furious. “Me siento muy orgullosa, porque logré dos veces hacer algo: el éxito en mi país y ahora por segunda vez en Estados Unidos”, dice.

Una tragedia cambió su vida

La niñez de González estuvo marcada por tragedia. Su padre murió en un accidente cuando tenía 12 años, y a ella y su hermano los crió su mamá, Glenda Reyna, a quien la actriz considera como su guía en todos los aspectos de su vida. Reyna trabajó como modelo para sostener a la familia mientras estudiaba odontología en la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) y logró graduarse con un doctorado. “Mi mamá siempre fue una mujer extremadamente trabajadora y eso es algo que yo toda mi vida mantendré”, comenta González.  

La pérdida de su padre sumió a González en una profunda depresión y la llevó a comer compulsivamente. Pero, el sufrimiento de ese momento dio un giro a su vida y la impulsó a buscar dónde enfocar sus energías, llevándola a estudiar actuación.

“De un día al otro cambió mi vida, cambió completamente. Dentro de la peor situación, siempre hay que sacar lo más positivo. Esa es la manera de sobrevivir en esta vida”, dice.

González comenzó su carrera como actriz y cantante a los 17 años con el rol estelar de la telenovela Lola, érase una vez. También se dio a conocer en Latinoamérica por su personaje Clara Molina en Sueña conmigo, una serie juvenil de Nickelodeon, que grabó en Argentina durante un año determinante en su vida. “El crecimiento y la independencia de vivir sola por primera vez en un país ajeno a mí fue lo que me preparó para tener templanza y sentirme segura. Mental y emocionalmente fue un proceso increíble para mí”.

Enamorada de Los Ángeles

Luego de regresar a México, el siguiente paso fue Los Ángeles, una ciudad de la cual González se enamoró. “Me despierto y vengo a surfear”, dice, señalando al mar desde la ventana. “Cosas que nunca podía hacer en la Ciudad México. Esto me cambia mi mood de día a día. Me encanta poder ir a las montañas, poder hacer hikes. Amo el outdoor living y me gusta mucho acampar. Vivir en Los Ángeles me ha dado mucha libertad, aunque extraño muchísimo mi país”.

González llegó a la competitiva meca global del cine en un momento en que la industria apenas empezaba a tomar conciencia sobre el rol de las mujeres en general y de los actores y actrices latinos en particular. “No fue fácil, pero he tenido la suerte de trabajar consistentemente desde el día que yo llegué a Estados Unidos. Es algo que agradezco infinitamente y me siento completamente humilde y honrada de tener esa oportunidad”.

Sin embargo, la falta de acceso a roles sustanciosos para latinos en Hollywood la molesta. “En los últimos dos a tres años han habido más oportunidades, pero no siento que haya calidad de proyectos. Tal vez hay uno donde vas a ser la protagonista y pasarán cinco años sin otro”.

La actriz revela que acaba de fundar su compañía productora, llamada Oh, Darling, que ya está en búsqueda de sus primeros proyectos. “Quiero crear oportunidades, no solo para mí sino también para otras actrices latinas, y desarrollar proyectos que reflejen lo que es ser una mujer latina sin estereotipos. Como me dijo Robert [Rodríguez], tenemos que hacer nuestros propios proyectos para glorificar la forma en que queremos ser glorificados”.

El sol cae y González recoge sus cosas. Debe pasear sus perros, llamar a su mamá y prepararse para la siguiente audición. “Siempre estoy en constante batalla”, dice con una sonrisa. “Los fracasos son cicatrices. No son heridas de muerte. Así hay que ver la vida”.

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