San Antonio Es Un Vibrante Ejemplo de Encanto Multicultural

La calidez de sus habitantes y el respeto por la diversidad han convertido a San Antonio en un destino de primera clase.

PALABRAS Franco Caputi
febrero 2020
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Getty Images

Texas es conocido por sus grandes espacios, su barbecue y su petroleo. Pero este “pueblo encantador” de un millón y medio de residentes – la octava ciudad más grande de Estados Unidos– no tiene ni el horizonte de una urbe petrolera texana ni el vasto y seco paisaje estepario del Far West.

San Antonio –llamado así porque exploradores españoles desembarcaron en el área el 13 de junio de 1691, día de San Antonio – ha mantenido un sentido abierto de tradición y origen, una mezcolanza de sabores y sonidos de los viejos mexicanos, el Salvaje Oeste, el Profundo Sur y los Nativos Americanos, entre otros. Esa combinación de la calidez de sus habitantes y el respeto por la diversidad y el medio ambiente, han convertido a la ciudad en un destino de primera clase, para turistas y para quedarse.

¿Qué tienen en común un innovador chef venezolano, un experto hotelero texano, un visionario ingeniero-arquitecto colombiano, un inquieto emprendedor gastronómico sanantoniano y una apasionada cantante mexicana? Todos adoran esta ciudad.

“Fue amor a primera vista”, me dice el chef venezolano Gerónimo López, quien estudió cocina en Francia y dio la vuelta la mundo hasta que aterrizó en Texas. “Aquí todos saben apreciar los sabores de diferentes comidas y siempre quieren experimentar. Lo más lógico hubiese sido terminar con un restaurante en Miami o Nueva York, pero San Antonio me dio mucho más: hacer lo que me gusta sin tanto bullicio alrededor” confiesa.

Botika, el restaurante de López, es un vibrante ejemplo de la diversidad de la ciudad. Ofrece platos de la cocina Chifa (pe­­ruana china) y Nikkei (peruana japonesa), así como otros tradicionales asiáticos y latinoamericanos. Está situado en Pearl, un espacio de uso mixto que desde el año 2000 ha sido objeto de un vasto proyecto de complejos habitacionales y comerciales y espacios verdes, con un resultado magnífico.


Hotel Emma. / Alamy

Uno de los lugares que no hay que perderse es el nuevo Hotel Emma y su magnífica biblioteca, construido en lo que fue una fábrica de cerveza. Sirve el cóctel del mismo nombre, llamado así en honor de Emma Kohler, esposa de Otto Kohler, asesinado por una amante.

Además, Pearl es el centro de uno de los tres únicos institutos culinarios de EE.UU., The Culinary Institute of America, que también desempeñó un papel crucial en la candidatura de San Antonio como “Ciudad Gastronómica Creativa” de la UNESCO.

Otra área en desarrollo es Hemisfair, “el gran centro comunitario del futuro”, dirigido por un ingeniero-arquitecto colombiano, Andrés Andújar, que estudió en la Universidad de Texas en Austin y hace 20 años echó raíces en San Antonio.

Entusiasta defensor de la ciudad, Andújar impulsa ahora la reurbanización de una amplia área, que consiste en transformar el recinto ferial Hemisfair de 1968 en un distrito urbano de parques múltiples, residencias y negocios locales. “Hemisfair es y será un vibrante lugar de encuentro para todo, desde un día con amigos hasta las celebraciones más grandes de San Antonio”, me cuenta Andújar.


El desfile Batalla de las Flores, parte de Fiesta San Antonio, es producido enteramente por mujeres. / Alamy

Caminata Por El Río

Aunque Pearl y Hemisfair son buenos ejemplos del histórico San Antonio que ahora se revitaliza, para capturar el alma de la ciudad debes ir primero al Paseo del Río (Riverwalk), casi 15 km que cruzan la ciudad de norte a sur en un sendero de losas y adoquines. Elige entre una caminata matutina o correr o un paseo nocturno en bicicleta para ver un colorido bazar de gente y una hermosa puesta de sol.

A lo largo del Riverwalk, con flores, cascadas y patos, donde viejos cipreses y palmeras dan sombra a bares y restaurantes, se vive mejor el sentimiento de los sanantonianos (algunos los llaman sanantonienses).

Las orillas están conectadas por robustos puentes de piedra, a través de los cuales el cambio de un lado a otro del Riverwalk es sencillo. Las pasarelas acogen tiendas, hoteles, cafés y restaurantes, con sus colores y buenos olores.


Lobby del Hotel Havana. / Alamy

Español, El Más Hablado

A través del puente de Navarro Street, llegamos al Hotel Havana, una joya vintage que data de 1914. Las habitaciones con pisos de madera y mobiliario antiguo le dan un encanto estilo Ernest Hemingway. Al igual que el hotel, el gerente, Joey Boatright, tiene una historia fascinante: es descendiente directo de Stephen Fuller Austin, quien acompañó a las primeras 300 familias estadounidenses a esta región, en 1825. El nombre de Austin, la capital del Estado, es en honor al llamado “Padre de Texas”, el tío de Joey.

“Mi vida es sinónimo de San Antonio. Recuerdo como mis abuelos y mis padres me llevaban los fines de semana al Paseo del Río”, me comenta Boatright, de padre texano y mamá mexicana. “Hoy llevo a mis hijos al paseo. He vivido en muchos lados, pero no es lo mismo. Aquí se respira mejor”, agrega.

Con una mayoría de habitantes hispanos (64 %, según el censo), tiene sentido que el español sea tan omnipresente en San Antonio y que aquí exista el mercado mexicano más grande de EE.UU. El “Market”, en el extremo oeste, es el lugar indicado para comprar maravillosas ollas hechas a mano, joyas, arte y ropa a precios de ganga.

Y La Villita, “la pequeña ciudad” donde San Antonio creció es hoy un grupo de coloridas casitas que albergan algunos cafés y tiendas de artesanías. La variedad de estilos arquitectónicos (ladrillo, adobe y victoriano) refleja los diversos orígenes de la población. Junto con los españoles, los alemanes han sido los inmigrantes más signi­ficativos cuando arribaron a mediados del siglo XIX con harina de trigo y lúpulo en sus maletas: son los responsables de las tortillas blancas en la cocina Tex-Mex y de la proliferación de micro-cervecerías.


Artistas trabajando en los puestos artesanales de La Villita. / Alamy

La Casa de Johnny

Un ejemplo de lo que es San Antonio, tanto en gastronomía como en hospitalidad, es Johnny Hernández. Posee una docena de restaurantes, más una increíble frutería y un servicio de banquetes. De padres mexicanos y sanantoniano de corazón, empezó su carrera como lavaplatos en un pequeño restaurante de su padre, recorrió el mundo y regresó a San Antonio, donde innova desde hace 10 años.

“La cocina de San Antonio es muy rica, por la mezcla de culturas”, explica. “Tiene influencias españolas, alemanas, texanas y mexicanas; una cocina más elaborada de lo que pensamos, una inteligente mezcla de texturas”. Su nuevo restaurante, Burgerteca, sirve hamburguesas a la mexicana y paletas heladas típicas de México (¡exquisitas!).

Y para los interesados en la historia, muchos aceptan que el Chili nació en San Antonio. En la Exposición Gastronómica Internacional de Chicago, en 1893, cocineros de la ciudad presentaron al jurado el plato picante que hoy todos conocemos.


El Álamo, una de las cinco misiones fundadas en Texas. / Alamy

Arte y Música

“Érase una vez en el Oeste...”. El resto de esta historia se exhibe en el Museo Briscoe, dedicado a la época de los vaqueros, los buscadores de oro y las grandes expediciones. Presenta objetos cotidianos – espuelas, taburetes, di­ligencias– elevados a la categoría de obras de arte, una hermosa colección de fotos y una maqueta a gran escala traza la batalla del Álamo.

El Museo de Bellas Artes (SAMA), ubicado en una antigua cervecería, ha sido muy bien restaurado. Y para admirar magníficas obras maestras, el Museo de Arte McNay exhibe obras de Vincent Van Gogh, Pablo Picasso, Edward Hopper y Jackson Pollock, entre otros.

Con su herencia multicultural, San Antonio creó sus tradiciones musicales. Una de las más duraderas y queridas es la de las bandas de mariachi. Desde los años 20, la gente se reúne en plazas o esquinas de San Antonio para escuchar música mexicana.

Un buen ejemplo es Azul Barrientos, oriunda de la Ciudad de México. Sus conciertos en el Centro de Paz y Justicia Esperanza, entre otros sitios, siempre están llenos. “Llegué a San Antonio persiguiendo un amor, ese amor se marchó pero yo nunca me fui”, me confiesa. “Me enamoré de la ciudad, y con el tiempo otro amor tocó a mi puerta. San Antonio es mi hogar, y vaya donde vaya, siempre vuelvo”.

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